jueves, 30 de abril de 2015

El rostro de Zópiro

La última lectura realizada en clase de Cultura Clásica fue un fragmento de la obra Historias escrita por Heródoto (libro III, 149-160).
  
Se trataba de presentar a los alumnos al primer historiador del mundo occidental, un viajero infatigable al que se le ocurrió la novedad de investigar los hechos pasados trasladándose allí donde habían ocurrido para ponerlos luego por escrito. El propio Heródoto expone su propósito al inicio:
Ἡροδότου Ἁλικαρνησσέος ἱστορίης ἀπόδεξις ἥδε, ὡς μήτε τὰ γενόμενα ἐξ ἀνθρώπων τῷ χρόνῳ ἐξίτηλα γένηται, μήτε ἔργα μεγάλα τε καὶ θωμαστά, τὰ μὲν Ἕλλησι τὰ δὲ βαρβάροισι ἀποδεχθέντα, ἀκλεᾶ γένηται, τά τε ἄλλα καὶ δι' ἣν αἰτίην ἐπολέμησαν ἀλλήλοισι
Heródoto de Halicarnaso presenta aquí los resultados de su investigación para que el tiempo no abata el recuerdo de las acciones humanas y que las grandes empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan en olvido; da también razón del conflicto que enfrentó a estos dos pueblos.     (Heródoto, Historias I,1)
Muy recomendable
A la manera de un reportero actual, Heródoto viaja, pregunta y escribe. Quiere contar las Guerras Médicas, pero se remonta muchos años atrás. A lo largo de los nueve libros de Historias, va aportando datos geográficos, etnográficos e históricos sobre Persia y sobre los pueblos con los que Persia choca en su avance imperialista, con lo que incluye a la propia Grecia. 

Estamos en el siglo V a. C. y Heródoto lleva a cabo la primera labor de investigación sobre el pasado. De hecho, ése es el significado de la palabra ἱστορίη (que dará en castellano "historia"), con una raíz léxica portadora del sentido "ver" y, en consecuencia, "conocer por haber visto"*).

* Los alumnos de Griego II conocen bien el significado de οἶδα ("saber"), perfecto del verbo εἴδω ("ver") con valor de presente; y reconocen en οἶδα el valor aspectual que es propio del Tema de Perfecto griego, esto es: el resultado presente de una acción pasada: "tengo conocimiento porque antes he visto" (algo así como: "si no lo veo, no me lo creo... ;-)

Pero Heródoto todavía no es riguroso ni crítico con sus fuentes de información e incluye en la narración anécdotas y explicaciones religiosas. Como muestra sirve el fragmento que los alumnos leyeron en clase: "El rostro de Zópiro".

Allí se nos cuenta de qué manera los persas de Darío lograron tomar por segunda vez la ciudad de Babilonia. Puede resumirse así: impresionado por un prodigio (el parto de una mula) que había sido profetizado entre chanzas por un rebelde babilonio en los inicios del asedio, el noble persa Zópiro se mutila el rostro para así pasarse a la ciudad sitiada pretextando deserción; una vez allí va ganándose el favor de los babilonios facilitándoles victorias que previamente había amañado con el rey Darío; en el último de estos encuentros concertados, Zópiro abre las puertas de la ciudad a su gente y Babilonia es tomada por los medos.

Explicaciones carentes de rigor y de un estricto sentido crítico; evidente recurso a fuentes orales no contrastadas; inclusión de anécdotas y detalles curiosos; cierta falta de verosimilitud desde nuestra óptica moderna... En la primera historia todavía cabe esto.

Moderno en tantas cosas como arcaico en tantas otras, Heródoto es eterno. 

EJERCICIO DE LECTURA COMPRENSIVA
HERÓDOTO, Historias III, 149-160
"El rostro de Zópiro"

1. ¿Qué tipo de razones aduce Heródoto para explicar que el general Otanes llevara a cabo la repoblación la isla de Samos tras ser asolada?
2. Los habitantes de la ciudad de Babilonia niegan obediencia a los persas y se disponen a aguantar un largo asedio, ¿cuál es su primera medida una vez se rebelan abiertamente?
3. Escribe el nombre del rey de los persas.
4. Por lo que se desprende del texto, ¿es la primera vez que los persas asedian Babilonia?
5. ¿Qué señal hace plantearse a Zópiro que Babilonia iba a caer de forma inminente?
6. Explica con tus propias palabras la secuencia de actuaciones de Zópiro hasta poner la ciudad de Babilonia en manos de los persas.
7. Cuando Darío ocupa finalmente Babilonia, ¿qué medidas tomó en relación a la escasez de mujeres?
8. ¿Calificarías esta narración histórica de crítica y rigurosa? Justifica tu respuesta.

CXLIX. Mientras esto se hacía en Esparta, los persas no sólo entregaban al saqueo la isla de Samos, sino que la barrían como con red, envolviendo a todos sus vecinos y pasándolos a cuchillo, sin perdonar a ninguno la vida. Así vengados, entregaron a Silosonte la isla vacía y desierta, aunque el mismo general Otanes la volvió a poblar algún tiempo después, movido, así de una visión que tuvo en sueños, como principalmente por motivo de cierta enfermedad vergonzosa que padeció.
 CL. Por el mismo tiempo que se hacía la expedición naval contra Samos, negaron la obediencia a los persas los babilonios, que muy de antemano se habían apercibido para lo que intentaban. Habiéndose sabido aprovechar de las perturbaciones públicas del estado, así en el tiempo en que reinaba el Mago, como en aquel en que los septemviros coligados recobraban el imperio, se proveyeron de todo lo necesario para sufrir un dilatado sitio, sin que se echara de ver lo que iban premeditando. Cuando declaradamente se quisieron rebelar, tomaron una resolución más bárbara aún que extraña, cual fue la de juntar en un lugar mismo a todas las mujeres y hacerlas morir estranguladas, exceptuando solamente a sus madres y reservándose cada cual una sola mujer, la que fuese más de su agrado: el motivo de reservarla no era otro sino el de tener panadera en casa, y el de ahogar a las demás el de no querer tantas bocas que consumieran su pan.
 CLI. Informado el rey Darío de lo que pasaba en Babilonia, parte contra los rebeldes con todas las fuerzas juntas del imperio, y llegado allí, emprende desde luego el asedio de la plaza. Los babilonios, lejos de armarse o de temer por el éxito del sitio, subidos sobre los baluartes de la fortaleza bailaban alegres a vista del enemigo, mofándose de Darío con todo su ejército. En una de esas danzas hubo quien una vez dijo este sarcasmo: —«Persas, ¿qué hacéis aquí tanto tiempo ociosos? ¿Cómo no pensáis en volveros a vuestras casas? Pues en verdad os digo que cuando paran las mulas, entonces nos rendiréis.» Claro está que no creía el babilonio que tal decía que la mula pudiera parir jamás.
 CLII. Pasado ya un año y siete meses del sitio, viendo Darío que no era poderoso para tomar tan fuerte plaza, hallábanse él y su ejército descontentos y apurados. A la verdad no había podido lograr su intento en todo aquel tiempo, por más que hubiese jugado todas las máquinas de guerra y tramado todos los artificios militares, entre los cuales no había dejado de echar mano también de la misma estratagema con que Ciro había tomado a Babilonia. Pero ni con este ni con otro medio alguno logró Darío sorprender la vigilancia de los sitiados, que estaban muy alerta y muy apercibidos contra el enemigo.
CLIII. Había entrado ya el vigésimo mes del malogrado asedio, cuando a Zópiro, hijo de Megabizo, uno de los del septemvirato contra el Mago, le sucedió la rara monstruosidad de que pariera una de las mulas de su bagaje. El mismo Zópiro, avisado del nunca visto parto, y no acabando de dar crédito a nueva tan extraña, quiso ir en persona a cerciorarse; fue y vio por sus mismos ojos la cría recién nacida y recién parida la mula. Sorprendido de tamaña novedad, ordena a sus criados que a nadie se hable del caso; y poniéndose él mismo muy de propósito a pensar sobre el portento, recordó luego aquellas palabras que dijo allá un babilonio al principio del sitio, que cuando parieran las mulas se tomaría a Babilonia. Esta memoria, combinada con el parto reciente de su mula, hizo creer a Zópiro que debía, en efecto, ser tomada Babilonia, habiendo sido sin duda providencia del cielo, que previendo que su mula había de parir, permitió que el babilonio lo dijese de burlas.
 CLIV. Persuadióse Zópiro con aquel discurso ciertamente agorero que había ya llegado el punto fatal de la toma de Babilonia. Preséntase a Darío y le pregunta si tenía realmente el mayor deseo y empeño en que se tomase la plaza sitiada, y habiendo entendido del soberano que nada del mundo deseaba con igual veras, continuó sus primeras meditaciones, buscando medio de poder ser él mismo el autor de la empresa y ejecutor de tan grande hazaña, y tanto más iba empeñándose en ello, cuanto mejor debía ser entre los persas muy atendidos de presente y muy premiados en el porvenir los extraordinarios servicios hechos a la corona. El fruto de su meditación fue resolverse a la ejecución del único remedio que hallaba para rendir aquella plaza: consistía en que él mismo, mutilado cruelmente, se pasase fugitivo a los babilonios. Contando, pues, por nada quedar feamente desfigurado por todos los días de su vida, hace de su persona el más lastimoso espectáculo: cortadas de su propia mano las narices, cortadas asimismo las orejas, cortados descompuestamente los cabellos y azotadas cruelmente las espaldas, muéstrase así maltrecho y desfigurado a la presencia de Darío.
 CLV. La pena que Darío tuvo al ver de repente ante sus ojos un persa tan principal hecho un retablo vivo de dolores, no puede ponderarse: salta luego de su trono, y le pregunta gritando quién así le ha malparado y con qué ocasión. —«Ningún otro, señor, sino vos mismo, le responde Zópiro, pues sólo mi soberano pudo ponerme tal como aquí me miráis. Por vos, señor, yo mismo me he desfigurado así por mis propias manos, sin injuria de extraños, no pudiendo ya ver ni sufrir por más tiempo que los Asirios burlen y mofen a los persas. —Hombre infeliz, le replica Darío, ¿quieres dorarme un hecho el más horrendo y negro con el color más especioso que discurrirse pueda? ¿Pretextas ahora que por el honor de la Persia, por amor mío, por odio de los sitiados has ejecutado en tu persona esa carnicería sin remedio? Dime por los dioses, hombre mal aconsejado, ¿acaso se rendirán antes los enemigos porque tú te hayas hecho pedazos? ¿Y no ves que mutilándote no has cometido sino una locura? —Señor, le responde Zópiro, bien visto tenía que si os hubiera dado parte de lo que pensaba hacer nunca habíais de permitírmelo. Lo hice por mí mismo, y con solo lo hecho tenemos ya conquistada la inexpugnable Babilonia, si por vos no se pierde, como sin duda no se perderá. Diré, señor, lo que he pensado. Tal como me hallo, deshecho y desfigurado, me pasará luego al enemigo; les diré que sois vos el autor de la miseria en que me ven, y si mucho no me engaño, se lo daré a entender así, y llegaré a tener el mando de su guarnición. Oíd vos ahora, señor, lo que podremos hacer después. Al cabo de diez días que yo esté dentro, podréis entresacar mil hombres, la escoria del ejército, que tanto sirve salva como perdida, y apostármeles allá delante de la puerta que llaman de Semíramis. Pasados otra vez siete días, podréis de nuevo apostarme dos mil enfrente de la otra puerta que dicen de Nino. Pasados veinte días más, podréis tercera vez plantar otra porción hasta cuatro mil hombres en la puerta llamada de los Caldeos. Y sería del caso que ni los primeros ni los últimos soldados que dije tuvieran otras armas defensivas que sus puñales solos, los que sería bueno dejárselos. Veinte días después podréis dar orden general a las tropas para que acometan de todas partes alrededor de los muros, pero a los persas naturales los quisiera fronteros a las dos puertas que llaman la Bélida y la Cisia. Así lo digo y ordeno todo, por cuanto me persuado que los babilonios, viendo tantas proezas hechas antes por mí, han de confiármelo todo, aun las llaves mismas de la ciudad. Por los demás, a mi cuenta y a la de los persas correrá dar cima a la empresa.»
 CLVI. Concertado así el negocio, iba luego huyendo Zópiro hacia una de las puertas de la ciudad, y volvía muy a menudo la cabeza con ademán y apariencia de quien desierta. Venle venir así los centinelas apostados en las almenas, y bajando a toda prisa, pregúntanle desde una de las puertas medio abiertas quién era y a qué venía. Respóndeles que era Zópiro que quería pasárselos a la plaza. Oído esto, condúcenle al punto a los magistrados de Babilonia. Puesto allí en presencia de todo el congreso, empieza a lamentar su desventura y decir que Darío era quien había hecho moverle del modo en que él mismo se había puesto; que el único motivo había sido porque él le aconsejaba que ya que no se descubría medio alguno para la toma de la plaza, lo mejor era levantar el sitio y retirar de allí el ejército. «Ahora, pues, continuó diciendo, ahí me tenéis, babilonios míos; prometo hacer a vosotros cuanto bien supiere, que espero no ha de ser poco, y a Darío, a sus persas y a todo su campo cuanto mal pudiere; que sin duda será muchísimo, pues voto a Dios que estas heridas que en mí veis les cuesten ríos de sangre, mayormente sabiendo yo bien todos sus artificios, los misterios del gabinete y su modo de pensar y obrar".
 CLVII. Así les habló Zópiro, y los babilonios del congreso, que velan a su presencia, no sin horror, a un grande de Persia con las narices mutiladas, con las orejas cortadas, con las carnes rasgadas, y todo él empapado en la sangre que aun corría, quedaron desde luego persuadidos de que era la relación muy verdadera, y se ofrecieron aliviar la desventura de su nuevo aliado, dándole gusto en cuanto les pidiera. Habiendo pedido él una porción de tropa, que luego tuvo a su mando, hizo con ella lo que con Darío había concertado, pues saliendo al décimo día con sus babilonios, y cogiendo en medio a los mil soldados, los primeros que había pedido que apostase Darío, los pasó todos a filo de la espada. Viendo entonces los babilonios que el desertor acreditaba con obras lo que les ofreciera de palabra, alegres sobremanera se declararon nuevamente prontos a servir a Zópiro, o más bien a dejarse servir de él enteramente. Esperó Zópiro el término de los días consabidos, y llegado éste, toma una partida de babilonios escogidos, y hecha segunda salida de la plaza, mita a Darío dos mil soldados. Con esta segunda proeza de valor no se hablaba ya de otra cosa entre los babilonios ni había otro hombre para ellos igual a Zópiro, quien dejando después que pasasen los días convenidos, hace su tercera salida al puesto señalado, donde cerrando en medio de su gente a cuatro mil enemigos, acaba con todo aquel cuerpo. Vista esta última hazaña, entonces sí que Zópiro lo era todo para con los de Babilonia, de modo que luego le nombraron generalísimo de la guarnición, castellano de la plaza y alcalde de la fortaleza.
 CLVIII. Entretanto, llega el día en que, según lo pactado, manda Darío dar un asalto general a Babilonia, y Zópiro, acredita con el hecho que lo pasado no había sido sino engaño y doble artificio de un hábil desertor. Entonces los babilonios apostados sobre los muros iban resistiendo con valor al ejército de Darío que los acometía, y Zópiro al mismo tiempo, abriendo a sus persas las dos puertas de la ciudad, la Bélida y la Cisia, les introducía en ella. Algunos babilonios testigos de lo que Zópiro iba haciendo se refugiaron al templo de Júpiter Belo; los demás, que nada sabían ni aun sospechaban de la traición que se ejecutaba, estuvieron fijos cada cual en su puesto hasta tanto que se vieron clara y patentemente vendidos y entregados al enemigo.
 CLIX. Así fue tomada Babilonia por segunda vez. Dueño ya Darío de los babilonios vencidos, tomó desde luego las providencias más oportunas, una sobre la plaza, mandando demoler todos sus muros y arrancar todas las puertas de la ciudad, de cuyas dos prevenciones ninguna había usado Ciro cuando se apoderó de Babilonia; otra tomó sobre los sitiados, haciendo empalar hasta tres mil de aquellos que sabía haber sido principales autores de la rebelión, dejando a los demás ciudadanos en su misma patria con sus bienes y haciendas; la tercera sobre la población, tomando sus medidas a fin de dar mujeres a los babilonios para la propagación, pues que ellos, como llevamos referido, habían antes ahogado a las que tenían, a fin de que no les gastasen las provisiones de boca durante el sitio. Para este efecto ordenó Darío a las naciones circunvecinas, que cada cual pusiera en Babilonia cierto número de mujeres que él mismo determinaba, de suerte que la suma de las que allí se recogieron subió a cincuenta mil, de quienes descienden los actuales babilonios.
 CLX. Respecto a Zópiro, si queremos estar al juicio de Darío, jamás persa alguno, ni antes ni después, hizo más relevante servicio a la corona, exceptuando solamente a Ciro, pues a este rey nunca hubo persa que se le osase comparar ni menos igualar. Cuéntase con todo que solía decir el mismo Darío que antes quisiera no ver en Zópiro aquella carnicería de mano propia que conquistar y rendir no una, sino veinte Babilonias que existieran. Lo cierto es que usó con él las mayores demostraciones de estima y particular honor, pues no solo le enviaba todos los años aquellos regalos que son entre los persas la mayor prueba de distinción y privanza con el soberano, sino que dio a Zópiro por todo el tiempo de su vida la satrapía de Babilonia, inmune de todo pecho y tributo. Hijo de este Zópiro fue el general Megabizo, el que en Egipto guerreó con los atenienses y sus aliados, y padre del otro Zópiro que desertado de los persas pasó a la ciudad de Atenas. 

  

lunes, 27 de abril de 2015

El descubrimiento del "yo" entre "nosotros"

Los alumnos de Cultura Clásica del Sapere Aude realizaron la semana pasada un "Ejercicio de comprensión oral". La profesora dio una pequeña conferencia, no mucho más de quince minutos, y los alumnos tomaron apuntes; luego contestaron por escrito las preguntas de un cuestionario con el objeto de verificar su grado de comprensión de la disertación oral.

Título de la breve ponencia: "El descubrimiento del 'yo' entre 'nosotros'". Fuente: el libro del profesor Francisco Rodríguez Adrados El reloj de la Historiaeditado por Ariel en 2006. Tema: el valor de Grecia como "Tiempo-Eje" en la medida en que se erige como protagonista de un "salto" extraordinario en la historia de la Humanidad aportando una evolución personalísima y original, un desarrollo único en comparación con las Altas Civilizaciones.

La originalidad de Grecia radica en su INDIVIDUALISMO, en sus tendencias igualitarias, científicas, críticas, no religiosas; en la reivindicación del valor del hombre somo SER ÚNICO Y DISTINTO AL GRUPO. En Grecia el individuo toma conciencia de sí y con él despierta la lírica, la filosofía, la ciencia, la estética, el teatro y la democracia.

Las Altas Civilizaciones cercanas a Grecia o lejanas, contemporáneas o no, se caracterizan por grandes palacios fortificados y enjambres de funcionarios a las órdenes de un rey divinizado; por una inmensa burocracia que utiliza la escritura para llevar registros de cuentas; por grandes ejércitos y ambiciosas expediciones comerciales de tinte imperialista. Las Altas Civilizaciones se caracterizan por el quietismo y el rechazo de lo individual.

Grecia tuvo esto en Época Micénica, advierte el profesor Adrados, pero lo superó. Porque tras la desaparición de los reinos micénicos Grecia no reconstruyó el viejo sistema, sino que siguió procesos distintos: en la Época Oscura Grecia implantó el viejo modelo indoeuropeo, aristocrático y asambleísta.

Y es por ello que los griegos imprimieron una evolución nueva a comportamientos y creencias tradicionales comunes prácticamente a todas las Altas Civilizaciones.

Novedosa y libre Grecia, pone en cuestión a los dioses y busca explicaciones racionales que valgan siempre, lo que propició el nacimiento de la filosofía y de la ciencia. Y si Grecia cuestiona a Zeus, también cuestiona al rey, de manera que a principios de la Época Arcaica los regímenes monárquicos son derrocados y tras ellos los regímenes aristocráticos dando paso así a ciudades regidas de forma democrática que hacen uso del voto para elegir a sus mejores individuos.

Original el espíritu griego que constantemente busca (y logra) nuevas creaciones, y además las difunde a otras culturas y las mantiene en el tiempo.

Nueva creación del espíritu griego fue fundar una colonia (no hay un rey conquistador entre los griegos, sino el impulso libre de los propios ciudadanos en la empresa de colonización); o dar rienda suelta al subjetivismo más radical escribiendo un poema; también buscar la “arché” de las cosas; elaborar leyes; avanzar un problema matemático; lucirse en una competición atlética; escribir la historia para explicar la actuación humana; convencer a otros en el ágora a fuerza de palabras; establecer un canon de belleza basado en la proporción más perfecta; y firmar una vasija roja o negra.

viernes, 24 de abril de 2015

Asústate un momento: Odiseo está en el Hades

... no olvidó la moneda para Caronte
Habíamos dejado a Ulises en la isla de Circe donde, inmune a los bebedizos de la maga gracias a la planta "moly" que le ha proporcionado Hermes, consigue que la diosa devuelva a sus hombres la forma humana.

Enamorada del héroe, Circe le dará instrucciones precisas para su descenso al Hades en busca de los oráculos del adivino Tiresias.

Para emprender el descenso al inframundo, Odiseo se desplaza al país de los cimerios que viven "entre nieblas y nubes, sin que jamás el sol resplandeciente los ilumine con sus rayos, ni cuando sube al cielo estrellado, ni cuando vuelve del cielo a la tierra, pues una noche perniciosa se extiende sobre los míseros mortales" (Od. XI, 13ss). 

Valorando estos datos y otros más que es posible entresacar y deducir del texto (o más bien "desenmascarar" y "descodificar"), Gilbert Pillot (clickdevana el ovillo que conduce a Odiseo por el Atlántico norte y concluye que el país de los cimerios se halla al norte de Irlanda, en la región de LondonderryPrecioso paraje para realizar oscuros sacrificios capaces de poner a Odiseo en contacto con las almas de los muertos. ¿Qué ocurrió realmente allí?

Este episodio (en el Canto XI de la Odisea) lo leen para nosotros las alumnas Gloria, Flor y Adina, y acompañan su lectura de preciosas imágenes.

Ahora leemos la descripción que hace Odiseo de tres penados para toda la eternidad que puede contemplar en el Hades: Ticio, Tántalo y Sísifo. Se trata de Odisea XI, 576-600:


"Vi también a Titio, el hijo de la augusta Gea, echado en el suelo, donde ocupaba nueve yugadas. Dos buitres, uno de cada lado, le roían el hígado, penetrando con el pico en sus entrañas, sin que pudiera rechazarlos con las manos; porque intentó hacer fuerza a Leto, la gloriosa consorte de Zeus, que se encaminaba a Pito por entre la amena Panopeo. Vi asimismo a Tántalo, el cual padecía crueles tormentos, de pie en un lago cuya agua le llegaba a la barba. Tenía sed y no conseguía tomar el agua y beber: cuantas veces se bajaba el anciano con la intención de beber, otras tantas desaparecía el agua absorbida por la tierra, la cual se mostraba negruzca en torno a sus pies y un dios la secaba.
Encima de él colgaban las frutas de altos árboles -perales, manzanos de espléndidas pomas, higueras y verdes olivos-; y cuando el viejo levantaba los brazos para cogerlas, el viento se las llevaba a las sombrías nubes. Vi de igual modo a Sísifo, el cual padecía duros trabajos empujando con entrambas manos una enorme piedra. Forcejeaba con los pies y las manos e iba conduciendo la piedra hacia la cumbre de un monte; pero cuando ya le faltaba poco para doblarla, una fuerza poderosa derrocaba la insolente piedra, que caía rodando a la llanura. Tornaba entonces a empujarla, haciendo fuerza, y el sudor le corría de los miembros y el polvo se levantaba sobre su cabeza".



miércoles, 15 de abril de 2015

De "un eterno modo" monstruos somos

"Para entender el soneto de Borges 'Edipo y el enigma' hay que leerlo muchas veces", decían los alumnos de Cultura Clásica al acabar su ejercicio de lectura comprensiva. Lógico. Esa es la virtud de la palabra escrita: te deja volver sobre lo leído para entenderlo y juzgarlo (ver nuestra entrada del 13 de diciembre, click).
Y además había que conocer el mito de Edipo, su final terrible y su encuentro con la Esfinge, ese ser híbrido, es decir, mixto, fuera de la norma, pues estaba formado por elementos tomados de tres seres: torso de mujer, alas de águila y cuerpo y pies de león.

El poeta Jorge Luis Borges se da cuenta de que al mirar la Esfinge, Edipo se ve a sí mismo como en un espejo. "¿Cuál es el enigma?" parece preguntar Edipo. Y la Esfinge podría responderle: "¿Y tú me lo preguntas? ¡El enigma eres tú!". Porque la respuesta al enigma de la Esfinge es: "EL HOMBRE".
Borges va más allá. Edipo mira al monstruo triple y reconoce que él también es triple de "un eterno modo" pues toda persona es lo que fue, es y será, es decir: su pasado, su presente y su futuro.
¡Un monstruo triple es el hombre! Un "híbrido" con toda la fuerza de la palabra en su sentido etimológico, pues procede de la raíz griega ὕβρις que significa "soberbia", "aberración", "lo que disgusta a los dioses". ¡Cuánto disgustó Edipo a los dioses si recibió el castigo que todos conocemos, magistralmente tratado por Sófocles en la tragedia Edipo Rey!

Borges formula la pregunta de la Esfinge sirviéndose de una metáfora: la vida humana dura un día con sus tres momentos fundamentales, es decir, sol naciente, sol en lo más alto y sol poniente. Al final del día el hombre ya ha presentado sus tres formas, se "ha declinado" en sus tres "casos" aunque siempre ha sido uno y ha permanecido él mismo. El hombre, monstruo "tripartito", cambia de aspecto a lo largo de su vida mostrando así una peculiar "morfología": la primera forma tiene tres patas (casus primus sive casus puerilitatis)*, la segunda dos (casus secundus sive casus maturitatis)*, y al final presenta tres (casus tertius sive casus senectutis)*. Tres "casos" o "caídas" sucesivas en decadencia hasta culminar la declinación.

Mirando la Esfinge Edipo se ve a sí mismo; ve su ser monstruoso y tripartito; ve su destino. ¿Cuál es el destino del ser humano? ¿Acaso la muerte? ¡Pero si el hombre es eterno, ya que en él se aúnan los tres tiempos: pasado, presente y futuro!

He aquí el destino del hombre que la Esfinge le manifiesta: conocerse a sí mismo.
Y el hombre se conoce cuando conoce lo que fue, lo que es y lo que será.
Ese es el mensaje de la Esfinge.

A fin de cuentas, ¿cuándo se conoció Edipo? Sólo cuando supo que no era quién él creía ser, sino un desdichado parricida padre de sus propios hermanos. ¡Un monstruo híbrido aberrante!

[*Los nombres de los casos los acabo de inventar, si alguien tiene mejores propuestas, por favor, sírvase aportarlas]

A continuación aparecen dos documento: el primero es la "Actividad de lectura comprensiva" sobre el soneto de Borges que los alumnos realizaron durante la sesión de clase (texto y cuestionario). Para una posible corrección de dicho ejercicio hacer click aquí. El segundo documento es un breve Power-Point que sirvió para introducir el tema.

sábado, 11 de abril de 2015

Circe con falda escocesa y Odiseo con un remo al hombro

Los alumnos de Cultura Clásica del Sapere Aude continúan leyéndonos la Odisea de HomeroAhora es el turno de Carlos Tagarro y Ramón Gómez Matamoros, que ponen voz a Ulises cuando relata su llegada a la isla de Eolo, dios de los vientos, tras escapar del terrible (y ahora ciego) cíclope Polifemo. Además nos leerán cómo Eolo deja marchar a Ulises y a sus hombres tras hacerles entrega de un odre que contenía los vientos contrarios y cómo, por la estúpida desconfianza de la tripulación, se ven empujados de vuelta a la isla Eolia cuando ya tenían Ítaca ante los ojos. Después de seis días de navegación Ulises llegará al país de los lestrigones, que se muestran hostiles y echan a pique todos los navíos griegos anclados en su puerto excepto el de Ulises, que se hallaba apartado en alta mar(*). Con sólo un barco y pocos hombres, Ulises aborda entonces la isla donde mora la maga Circe, quien convierte en cerdos a sus compañeros, mientras él mismo se ve protegido de sus hechizos por un antídoto que le suministra el dios Hermes. Hasta aquí las voces de Carlos, Ramón y Odiseo.


Y no nos olvidamos de desentrañar, con Gilbert Pillot, el código secreto que fue dejando tras de sí el astuto Ulises. Echando un vistazo a nuestra entrada del día 27 de marzo recordaremos la hipótesis defendida por Gilbert Pillot en su libro El código secreto de la Odisea, que es la siguiente: los viajes de Odiseo revelan, de forma críptica, una ruta marítima en el ámbito Atlántico frecuentada por los griegos de la Edad del Bronce en busca de estaño. La propia Odisea aporta los datos necesarios para localizar cada lugar... ¡si adivinas el código cifrado! Y Gilber Pillot cree haberlo hecho.

En Connemara los hombres de Ulises fueron aniquilados por los lestrigones
Según sus deducciones la isla de Polifemo es Tenerife, ya lo dijimos. La de Eolo... ¡la isla de Madeira, al oeste de la costa africana! ¿Y los lestrigones? Este belicoso pueblo de hombres gigantescos se situaría, según Gilbert Pillot, en el macizo de Connemara, costa oeste de Irlanda, y era población celta (gaélica) allí afincada que gestionaba el estaño de la zona en espera de ser transportado hacia el Mediterráneo. El precioso estaño llegaba a Connemara/país de los lestrigones desde las islas de Escocia y desde el archipiélago de las Hébridas que serían, según Pillot, las denominadas "Casitérides", frecuentemente citadas por los historiadores de la Antigüedad y siempre situadas de forma vaga en algún lugar al norte de Galicia.
Castillo de Kisimuk en la isla de Barra (Escocia)

En cuanto a Circe, Pillot encuentra concomitancias con Kirke, la diosa indoeuropea de los animales venerada entre los celtas. Además los iniciados que conocen el código secreto de la Odisea saben que la isla de Circe es la isla de Barra, la última más grande al sur del archipiélago escocés de las Hébridas.

Lugares fríos, lugares inhóspitos.
Y muy lejos todavía de Ítaca.



(*) No pudo dejar de mencionarlo: En el capítulo noveno y final de su libro, Gilber Pillot aventura que Ulises habría previsto el ataque de los lestrigones/ habitantes de Connemara, así que se cuidó de mantenerse alejado; de hecho, Ulises envió a sus hombres a una muerte cierta para quedarse él sólo con el secreto de la ruta atlántica. Por eso regresa a su tierra disfrazado y ocultándose, y no reclama justicia en el ágora, sino que se la toma por su mando dando muerte a los pretendientes de la manera conocida. Y es que, según la interpretación de Pillot, había cometido un crimen contra sus propios hombres y debería rendir cuentas ante sus familias y también ante los socios de la expedición que comandaba. Pillot supone que Ulises tuvo que someterse finalmente a un juicio público en Ítaca y se pregunta si la profecía que Tiresias hiciera a Odiseo en el Inframundo se cumplió finalmente ¿Tras la matanza de los pretendientes tuvo que caminar Ulises, desterrado, con un remo al hombro hasta llegar "a aquellos hombres que nunca vieron el mar, ni comen manjares sazonados con sal, ni conocen las naves de encarnadas proas, ni tienen noticia de los manejables remos que son como las alas de los buques" (Odisea, XI, 123-125)?