miércoles, 22 de junio de 2016

Te huí mujer, árbol me entrego

                                                             Voz de Dafne

Supón que de verdad Dafne murmura 
en lo que llamas quejas de esta planta, 
sin sospechar la dicha que suplanta 
en verde luz la antigua criatura.
Siente temblar al viento mi cintura 
donde se enreda el día que adelanta, 
la voz multiplicada que te canta, 
¡oh Apolo, esta tristeza de ser pura!
Río del aire, estremecida escala 
donde la danza aprende la cadencia 
y urden abeja y flor su claro juego,
te amaré, dios de miel, tortura de ala, 
con la misma encendida resistencia 
con que te huí mujer y árbol me entrego.

Julio Cortázar, Salvo el crepúsculo

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