jueves, 17 de diciembre de 2015

Ícaro encontrado: Análisis de resultados o cómo el mito se repite y la cera se derrite



PROCESO: Los alumnos manifiestan mayoritariamente haber encontrado a Ícaro apenas dos segundos después de que la imagen haya sido proyectada.

¡Pobre Ícaro engullido por el mar, abajo a la derecha, removiendo el agua con el patalear de sus piernecitas!


Los pocos que tardan cuatro segundos en hallarlo es porque están mirado dónde señalan los compañeros y eso les demora (claro está: durante este proceso no miran al cuadro).

Aquella gran mayoría que se jacta de haber encontrado a Ícaro en menos de dos segundos señalaba a derecha e izquierda, arriba y abajo, al tiempo que aguzaba más el oído que la vista para entender qué gritaba el compañero de al lado ("¡No, arriba!", "¡No, abajo!", "¡No, a la derecha!", "¡No a la izquierda!"...), por si de ese modo se orientaba.

EL VENCEDOR (tiempo récord: un segundo): el alumno que al cabo de un segundo ya afirmaba haber encontrado a Ícaro tardó diez en acercarse a la pantalla para señalar, efectivamente, a Ícaro: diez segundos de intenso esfuerzo visual remarcable por un enconado rotar de ojos y un célere movimiento de cuello en variadas direcciones. ¿Ganó tiempo? Jamás nos atreveríamos a juzgarlo.

CONCLUSIÓN: Ícaro se precipitó en su entusiasmo, observó poco y actuó rápido, se jactó mucho y duró poco volando, siendo así que por acercarse tanto al sol se derritió la cera de sus alas.

Los alumnos de Sapere Aude se precipitaron en su entusiasmo buscando a Ícaro, óbservaron poco y actuaron rápido, se jactaron mucho y duraron poco buscando.

ERGO: ¡Si supiera pintar llenaría el cuadro de pantorrillas de alumnos engullidos por el mar removiendo el agua con el patalear de sus piernecitas!

¡Es broma!
La profesora está orgullosa de tener alumnos como los suyos
¡Hemos pasado un buen trimestre!

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