lunes, 2 de julio de 2018

Y para acabar, una mentira ("Relatos verídicos" de Luciano IV)

Luciano de Samosata, Relatos verídicos, Libro II

Los náufragos no soportan más vivir dentro del estómago de la ballena, de modo que para acabar con ella, prenden fuego al bosque de su interior no sin olvidarse de apuntalar esas enormes mandíbulas a fin de no quedar encerrados. Una vez libres, se enfrentan a un tiempo tan frío que el mar se congela y para sobrevivir construyen una especie de iglú (cap. 1-2).

σκάψαντες γὰρ ἐν τῷ ὕδατι σπήλαιον μέγιστον ἐν τούτῳ ἐμείναμεν ἡμέρας τριάκοντα, πῦρ ἀνακαίοντες καὶ σιτούμενοι τοὺς ἰχθῦς: εὑρίσκομεν δὲ αὐτοὺς ἀνορύττοντες.

"Pues tras excavar en el agua  [helada] una cueva muy grande nos quedamos en ella treinta días, encendiendo fuego y comiendo peces: los encontrábamos haciendo un orificio" (cap. 2).

Retirado el frío glacial tan repentinamente como vino, los expedicionarios se sorprenden navegando por un mar de leche y arriban a una isla de queso en la que permanecen seis días. Ya de nuevo en alta mar, navegarán escoltados por hombres con pies de corcho que caminan raudos sobre la superficie de las olas saludándoles despreocupados (cap. 3-4).


Del capítulo 5 al cap. 28 de este segundo libro de Relatos verídicos, se relata la estancia de los expedicionarios en la Isla de los Bienaventurados. Allí banquetean con los héroes legendarios y con los más célebres poetas y sabios, gozando de aquella isla siempre feliz donde todo está impregnado de buen olor, los pajaritos sirven a los convidados y los árboles dan copas de vino que se toman a placer.

Expulsados de la Isla de los Bienaventurados, Luciano y sus hombres desembarcan en una isla donde los condenados en el Hades son torturados (cap. 30-31) y pasan unos días placenteros en la Isla de los Sueños (cap. 32-34) y en la de Calipso (cap. 35-36). Tras ser luego atacados por los "calabazopiratas", los marineros van a encallar en un enorme nido de alción: extraen un polluelo de uno de los huevos y resulta ser más grande que veinte buitres (cap. 40). Para seguir adelante hay que hacer pasar la embarcación sobre las copas de los árboles de un bosque flotante aparecido en medio del mar (cap. 42) y más tarde también les será preciso atravesar mediante un puente de agua cierto abismo que aparece de improviso cortando el mar (cap. 43).

Está acabando el segundo y último libro de Relatos verídicos. A los viajeros solamente les quedan tres insólitos encuentros: con unas gentes salvajes portadoras de cuernos denominados bucéfalos, (cap. 44); con unos individuos que son a la vez navegantes y navíos (cap. 45); y con unas peligrosas mujeres devoradoras de hombres que finalmente resultaron tener patas de asno (cap. 46).

Y finalizan los Relatos verídicos de Luciano con una mentira, pues lemos: "Las aventuras que me acontecieron en aquella tierra [las Antípodas] voy a relatarlas en los libros siguientes (cap. 47): τὰ δὲ ἐπὶ τῆς γῆς ἐν ταῖς ἑξῆς βίβλοις διηγήσομαι, algo que jamás ocurre.

Imagen (clic): Ilustraciones de William Strang, J. B. Clark y Aubrey Beardsley a la traducción al inglés de los Relatos Verídicos de Luciano de Samosata por Francis Hickes.

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