domingo, 8 de marzo de 2015

Astuta Artemisia I de Caria

Foto: Bernardo Pérez
El Día Internacional de la Mujer que se celebra hoy bien merece un vistazo atrás en busca de una célebre personalidad femenina del mundo griego a la que dedicar unas palabras. ¿Aspasia, la ilustrada compañera del Pericles maduro? ¿Hipatia, la filósofa despedazada por una horda de monjes cristianos fanáticos?

Nos quedamos con una mujer vestida de hoplita que imparte órdenes a miles de guerreros en defensa de la ciudad que gobierna: Artemisia I de Caria, reina de la ciudad doria de Halicarnaso (costa oeste de Turquía).

Artemisia luchó a favor de Jerjes I, Gran Rey de Persia, contra las "poleis" griegas en la Segunda Guerra Médica. Comandandó ella personalmente cinco barcos en las batallas navales de Artemisio y Salamina, año 480 a. C.

Hay que saber que en la Grecia antigua el mundo de los varones, sus actividades, ocupaciones e intereses era sentido como absolutamente opuesto al de las mujeres. Las ciudadanas de las “poleis” griegas vivían encerradas en casa (recordemos que había una parte de la vivienda destinada únicamente a ellas: el “gineceo”), estaban excluidas de las actividades sociales y políticas, y celebraban sus propias festividades religiosas, prohibidas a los varones.

¡Cómo debió chocar, en semejante contexto, la actitud de Artemisia! Ella se atrevió incluso a aconsejar a Jerjes, Gran Rey de Persia, que no presentara batalla en Salamina (¿qué hubiera ocurrido de haber él prestado oídos a la sensata mujer guerrera?). Jerjes no se dejó convencer pero aceptaba de buen grado sus palabras y al conocer con qué ardor luchaba en el puente de su nave exclamó, amargamente decepcionado con sus soldados: “Los hombres se me han vuelto mujeres; y las mujeres, hombres”.

Todo esto y más sobre Artemisia lo sabemos por el relato del primer y gran historiador griego Heródoto (él también procedente de Halicarnaso), quien se ocupa de ella en su obra Historias (libro VII, 99; libro VIII, 68-69, 87-88). En nuestra época la atractiva figura de Artemisia de Caria ha sido reelaborada por la literatura y la gran pantalla con mayor o menor acierto. Recomiendo la novela de Javier Negrete titulada Salamina (click), donde Artemisia es confrontada a un Temístocles de arrolladora personalidad y a un potente Gran Rey de Persia.

Artemisia tuvo suerte en el combate: cuando un barco ático iba a embestir el suyo, éste la tomó por griega o bien interpretó que se había cambiado de bando, y la dejó en paz. ¿Acaso, efectivamente, era una tránsfuga? ¿O es que engañó a los griegos para salir indemne? ¿Jugó Artemisia un artero doble papel en la batalla de Salamina matando griegos y a la vez embistiendo a sus propios aliados para salvar la vida, como consta que así hizo con el barco de Damasitino?

En todo caso astuta, la reina Artemisia I de Caria.

Leamos el suceso en Heródoto VIII, 87-88 (doy la traducción que aparece en wikisource, pero es considerablemente mejor la de Carlos Schrader en Editorial Gredos [click]): 

Skopas, Relieve de la Amazonomaquia, 340 a. C.
Mausoleo de Halicarnaso, British Museum, Londres
87. No estoy en realidad tan informado de los acontecimientos que pueda decir puntualmente de algunos particulares capitanes, ya sean de los bárbaros, ya de los griegos, cuánto se esforzó cada uno en la contienda. Sé tan sólo que Artemisia ejecutó una acción que la hizo aún más recomendable de lo que era ya para con el soberano, pues cuando la armada de éste se hallaba en mucho desorden y confusión, hallóse la galera de Artemisia muy perseguida por otra ateniense que le iba a los alcances. Viéndose ella en una apretura tal que no podía ya salvarse con la fuga, por cuanto su galera, hallándose puntualmente delante de los enemigos y la más próxima a ellos, encontraba a su frente con otras galeras amigas, determinóse a aventurar una acción que le salió oportuna y ventajosamente. Sucedió que al huir de la galera ática que le daba caza, topó con otra amiga de los Calcidenses, en que iba embarcado su rey Damasatimo, con quien, estando aun en el Helesponto, había tenido no sé qué pendencia. No me atrevo a definir si por esto la embistió entonces de propósito, o si fue una mera casualidad que se pusiese delante la dicha nave de los Calcidenses. Lo cierto es que con haberla acometido y echado a fondo, fueron dos las ventajas que para sí felizmente obtuvo: la una que como el capitán de la galera ática la viese arremeter contra otra nave de los bárbaros, persuadido de que o era una de las griegas la nave de Artemisia, o que desertando de la escuadra bárbara peleaba a favor de los griegos, volviendo la proa se echó sobre las otras galeras enemigas.

88. Logró Artemisia con esto una doble ventaja, escaparse del enemigo y no perecer en aquel encuentro; y la otra, que aun su mismo indigno proceder con la nave amiga le acarrease para con el propio Jerjes mucha crédito y estima, porque, según se dice, quiso la fortuna, que mirando el rey aquel combate, advirtiese que aquella, nave embestía contra otra, y que al mismo tiempo uno de los que tenía presentes le dijese: —«¿No veis, señor, cómo Artemisia combate y echa a fondo una galera enemiga?» Preguntó entonces el rey si era en efecto Artemisia la que acababa de hacer aquella proeza, y respondiéronle que no había duda en ello, pues conocían muy bien la insignia de su nave, y estaban por otra parte en la inteligencia que la que fue a pique era una de las enemigas. Y entre otras cosas que le procuró su buena suerte, como tengo ya dicho, no fue la menor el que de la nave calcidense ni un hombre sólo se salvara que pudiese acusarla ante el rey. Añaden que además de lo dicho, exclamó Jerjes: —«A mí los hombres se me vuelven mujeres, y las mujeres hoy se me hacen hombres.» Así cuentan por lo menos que habló el monarca.

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