domingo, 10 de enero de 2016

Estratofonte y Olímpico se llevaron más de un par

LUCILIO Anthologia Graeca 
Libro 11, epigrama 77

De Odiseo, de vuelta a casa sano y salvo tras veinte años,
reconoció el rostro Argos al verlo, su perro.
Pero tú después de boxear, Estratofonte, durante cuatro horas,
no ya para los perros eres irreconocible, sino para tu ciudad.
Y si quisieras tu propio rostro contemplar en un espejo,
"No soy Estratofonte", tú mismo dirías bajo juramento.

Εἰκοσέτους σωθέντος Ὀδυσσέος εἰς τὰ πατρῷα
ἔγνω τὴν μορφὴν Ἄργος ἰδὼν ὁ κύων·
ἀλλὰ σὺ πυκτεύσας, Στρατοφῶν, ἐπὶ τέσσαρας ὥρας
οὐ κυσὶν ἄγνωστος, τῇ δὲ πόλει γέγονας.
ἢν ἐθέλῃς τὸ πρόσωπον ἰδεῖν ἐς ἔσοπτρον ἑαυτοῦ,
“Οὐκ εἰμὶ Στρατοφῶν,” αὐτὸς ἐρεῖς ὀμόσας.


LUCILIO Anthologia Graeca 
Libro 11, epigrama 76

Con jeta semejante, Olímpico, ni a una fuente
te acerques ni te mires en ningún cristalino manantial.
Y es que tú, como Narciso, al ver tu rostro manifiesto
morirás odiándote a ti mismo hasta la muerte.

Ῥύγχος ἔχων τοιοῦτον, Ὀλυμπικέ, μήτ' ἐπὶ κρήνην
ἔλθῃς, μήτ' ἐνόρα πρός τι διαυγὲς ὕδωρ.
καὶ σὺ γὰρ ὡς Νάρκισσος ἰδὼν τὸ πρόσωπον ἐναργὲς
τεθνήξῃ μισῶν σαυτὸν ἕως θανάτου.





TRADUCCIÓN propia.

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