miércoles, 13 de enero de 2016

¡Homo Romanus, ten cuidado con las termas! ¡...y con el garum, a ser posible!

No estamos pensando precisamente en el peligro de que roben la ropa que nuestro "Homo Romanus" deja ingenuamente en los nichos del apodyterium (en esos casos lo usual era dar una propina a un esclavo a cambio de su custodia). Nos referimos, más bien, a que nuestro hombre saldrá de la termas relajado y oliendo bien, sin duda, y con menos suciedad, sin duda, pero... ¡También con más parásitos!

Y es que estudios llevados a cabo por el doctor Piers Mitchell, del Departamento de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, evidencian que los romanos eran más limpios de lo que estaban, podría decirse.

El doctor Mitchell ha estudiado los parásitos hallados en letrinas de todo el imperio romano, en entierros humanos y en ‘coprolitos’ –o heces fosilizadas–, así como en peines y en textiles de época romana.


Las conclusiones: Ciertos parásitos intestinales como las lombrices o la triquina parecen aumentar con la llegada de los romanos y, a pesar de su famosa cultura del baño regular, los ‘ectoparásitos’ como los piojos y las pulgas estaban tan extendidos entre los romanos como entre los vikingos y las poblaciones medievales, donde el baño no se practicaba ampliamente.

¿Cómo es esto posible en una civilización que dio tanta importancia al uso del agua corriente y al ritual del baño, y que incluso había desarrollado leyes para que los excrementos y las basuras fueran retiradas de las calles de las ciudades?

El doctor Mitchell sopesa la posibilidad de que hayan sido las cálidas aguas de las termas públicas las que ayudaron a difundir los gusanos parásitos. El agua se cambiaba con poca frecuencia en algunos baños y probablemente se formaba en la superficie una capa de suciedad humana mezclada con cosméticos.

Otra posible explicación planteada por los investigadores es el uso de excrementos humanos como fertilizante agrícola, lo que puede dar lugar a la propagación de huevos de parásitos. Es incluso posible que las mismas heces que la ley romana ordenaba recoger de las calles fueran utilizadas como abono con las consecuencias negativas antedichas.

¿Y por qué ponemos en guardia a nuestro "Homo Romanus" también a propósito del garum? Pues porque el estudio del doctor Mitchell encontró que los huevos de tenia estaban generalizados en el periodo romano, hecho que los investigadores explican como una desagradable consecuencia del amor de los romanos por el garum (salsa hecha con piezas de pescado fermentado, hierbas, sal y aromas). Efectivamente, el parásito tenia de los peces de las zonas del norte de Europa se propagó fácil y rápidamente guardado en los frascos sellados de garum que llegaban a todas las partes del imperio.

¡Una imperial manera de globalizar los problemas!

Fuente: cliquea.

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