lunes, 4 de abril de 2016

Los desastres de la guerra

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FRANCISCO GRACIA ALONSO, Roma, Cartago, iberos y celtiberos. Las grandes guerras de la península ibérica, Ed. Ariel. 2015, pág. 142 (1ª edición: 2003).

"Las noticias del terror que ejercían los romanos en la conquista de las ciudades se extendió por todo el sur y sudeste peninsular. Cuando en el 207 a. C. Lucio Escipión asedió Orongis para privar a Asdrúbal de la base desde la que llevaba a cabo sus incursiones hacia el interior de la península y, tras una denodada resistencia, las tropas romanas consiguieron penetrar en la ciudad, los defensores, temerosos de ser exterminados, intentaron rendirse pero fueron igualmente masacrados [nota: Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación XXVIII, 3, 11]...".

TITO LIVIO

Historia de Roma desde su fundación XXVIII, 3, 11

Timor inde oppidanos incessit ne, si hostis urbem intrasset, sine discrimine Poenus an Hispanus esset obuii passim caederentur; itaque patefacta repente porta frequentes ex oppido sese eiecerunt, scuta prae se tenentes ne tela procul conicerentur, dextras nudas ostentantes ut gladios abiecisse appareret. id utrum parum ex interuallo sit conspectum an dolus aliquis suspectus fuerit incompertum est; impetus hostilis in transfugas factus, nec secus quam aduersa acies caesi.

Entonces el temor se apoderó de los habitantes de la ciudadela no fuera que, si el enemigo entraba en la ciudad, fuera asesinado indiscriminadamente cartaginés o hispano que saliera al paso. Y así, abierta repentinamente la puerta, se arrojaron en masa fuera de la ciudadela llevando los escudos delante por si desde lejos se arrojaban proyectiles, mostrando las diestras desnudas para que quedara claro que habían arrojado sus espadas. Si esto no se vio bien desde la distancia o si se sospechó algún tipo de perfidia, no se sabe; se llevó a cabo un ataque ofensivo contra los tránsfugas y fueron aniquilados como si se tratara de una formación enemiga.

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