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Una vez que había regresado a casa, dedicaba el tiempo que le quedaba a los estudios. Muchas veces, después de la comida (que tomaba ligera y sencilla según costumbre de los antiguos), en verano, si tenía algún momento de ocio, se tumbaba al sol, se le leía un libro y lo anotaba y extractaba. Pues no leyó nada que no extractara. También solía decir que no había libro tan malo que no aprovechara en alguna parte. Después del sol, muchas veces se lavaba con agua fría. Luego comía y dormía muy poco: inmediatamente trabajaba como si de otro día se tratase hasta la hora de la cena. Después de esta, se le leía un libro y lo anotaba a toda velocidad. Recuerdo que en una ocasión, como quiera que un lector había pronunciado mal alguna parte, uno de sus amigos le llamó la atención y le obligó a repetirlo; mi tío le dijo a éste: “¿lo habías entendido ya?; como le dijera que sí, le contestó: “entonces ¿por qué le has llamado la atención?. Con tu interrupción hemos perdido más de diez líneas”. Tanto era el aprovechamiento del tiempo.
C.Plinius Baebio Macro Suo S(alutem)
Pergratum est mihi quod tam diligenter libros avunculi mei lectitas, ut habere omnes velis quaerareque qui sint omnes. Fungar indicis partibus, atque etiam quo sint ordine scripti notum tibi faciam: est enim haec quoque studiosis non iniucunda cogniti.
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Memini quondam ex amicis cum lector quaedam perperam pronuntiasset, revocasse et repeti coegisse; huic avunculum meum dixisse “intellexeras nempe?” cum ille adnuisset, “cur ergo revocabas? Decem amplius versus hac tua interpellatione perdidimus.” Tanta erat parsimonia temporis.
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