lunes, 30 de noviembre de 2015

Declaración de guerra: abierto el templo de Jano

Los alumnos de Latín I (1º BCHTO) han realizado un ejercicio de lectura sobre un breve fragmento de la obra de TITO LIVIO Ab urbe condita
El texto aparece en un archivo; en otro se adjunta el Cuestionario de lectura correspondiente.
Antes un par de noticias sobre el autor latino y también una reflexión sobre la declaración de guerra entre los romanos, que era de lo más tradicional.

Ab urbe condita está integrada por 142 libros, una monumental extensión que en parte es la causante de que no se haya conservado entera; de hecho, sólo han llegado a nosotros 35 libros, es decir, la cuarta parte de toda la obra. Desde muy pronto se hicieron de ella resúmenes para ser utilizados en escuelas y bibliotecas, siendo el más famoso de ellos el de Eutropio (siglo IV).
Livio dotó de contenido didáctico a su obra histórica, la cual ofrece innegables valores paradigmáticos y contiene la imagen del romano ideal. En ella no están ausentes los dioses patrios; a veces, el fatum o destino es utilizado para explicar determinados acontecimientos. La historia de Tito Livio es nacionalista: su protagonista es el pueblo romano, capaz de salir a flote una y otra vez ante las adversidades.
Ab urbe condita fue considerada muy pronto obra modélica y su influencia ha excedido el campo de la historiografía para proyectarse sobre el pensamiento político en todas las épocas: Dante, Maquiavelo, Montesquieu y los protagonistas de la Revolución Francesa.

El texto que han leído los alumnos (libro I, cap. 32-35, fragmentos) relata la subida al trono de Anco Marcio y explica los pormenores de una ley dictada por este rey que atendía a la reparación por daños al pueblo romano.
El texto también presenta a Lúcumo (más tarde conocido como Lucio Tarquinio Prisco) y a su esposa Tanaquil entrando en Roma como inmigrantes, recibidos allí por el prodigioso vuelo de un águila que la ambiciosa etrusca interpreta a favor del marido (y acertará).
Una Roma próspera, en rápido crecimiento, no duda en acoger y promocionar al oportunista etrusco hasta el punto de convertirlo en rey (Roma o la meca del "self made man").
IMAGEN: Sarcófago con mujer etrusca (s. II a.C.), para mas información: clic

Como decimos, el texto de Livio explica el conjunto de gestos y rituales que conlleva la declaración de guerra entre los romanos. Tito Livio remonta esta tradición, que debía ser muy antigua, al cuarto rey de Roma, Anco Marcio.
Cuatro de los sacerdotes "feciales" (era un cuerpo colegiado en numero de veinte presidido por el "pater patratus") viajaban al territorio de la nación que había agraviado a Roma. Allí dirigían una serie de advertencias preestablecidas a determinadas personas señaladas por el rito. Si eran escuchados, los feciales regresaban a Roma y se había evitado la guerra. En caso contrario, Roma concedía aún 33 días a los enemigos. Si no había respuesta transcurridos estos, los feciales informaban al rey de Roma y él reunía a los senadores para preguntarles uno a uno, de manera solemne, cuál era su opinión. Cuando la mayoría de los presentes se declaraba de la misma opinión, se acordaba la guerra. Era costumbre que el fecial llevara a las fronteras enemigas una lanza con punta de hierro o quemada al extremo y manchada de sangre; y, en presencia de al menos tres adultos, pronunciara una declaración de guerra, acabando por arrojar la lanza

Era muy importante cumplir el procedimiento y además rigurosamente, pues de otro modo la guerra no sería considerada justa y los dioses, agraviados por ello, se volverían contra los romanos.
Cuando Roma era sólo una ciudad, resultaba fácil a los feciales trasladarse a territorio enemigo. Pero con los siglos Roma fue ganando extensión, de tal manera que resultaba imposible declarar la guerra a la manera tradicional. El Estado compró entonces un solar en Roma para lanzar allí simbólicamente la jabalina y más tarde erigió en el templo de Belona una columna que marcaba el lugar en el que la jabalina debía ser arrojada, considerándose aquel punto territorio enemigo.

La invocación a Jano, dios de la puertas, era fundamental en cuestiones de guerra. De hecho, el templo de Jano permanecía abierto mientras Roma estaba en guerra, siendo así que sólo hubo ocasión de cerrar sus puertas cuatro veces a lo largo de toda la historia de esta belicosa nación, y además por poco tiempo.  Para saber más, pica aquí.
En el cuadro de Rubens Los desastres de la guerra (1637-1640) se ve al fondo a la izquierda la puerta abierta del templo de Jano. Y también podría parecer que se halla, al fondo a la derecha, en el Guernica de Picasso (1937)




viernes, 27 de noviembre de 2015

Latin II(2º BCHTO) Unidad Didáctica 5


Hospes, quod deico paullum est; asta ac pellege.
Heic est sepulcrum hau pulcrum pulcrae feminae; nomen parentes nominarum Claudia.
Suom mareitum corde deilexit souo:
gnatos duos creauit: horunc alterum in
terra linquit, alium sub terra locat.
Sermone lepido, tum autem incessu commodo.
domum semavit. lanam fecit. dixi. abei
(CIL,VI, 3.15346;. POMEROY, S., 222)
“Forastero, lo que tengo que decir es corto. Párate y lee esto. Esta es la tumba de una hermosa mujer. Sus padres y su marido la llamaban Claudia. Amaba a su marido con todo su corazón. Tuvo dos hijos, a uno de los cuales lo dejó en la tierra, al otro lo dejó bajo la tierra. Fue encantadora en su conversación y su conducta fue la apropiada. Cuidó de su casa e hilaba la lana. Puedes irte”.
Texto y traducción tomados de: Pilar Fernández Uriel, “Obreras y empresarias en el Periodo Romano Alto Imperial”, Espacio, Tiempo y Forma, Serie II, Historia Antigua, t. 24, 2011, págs. 367-390, esp. págs. 381-382. La foto es un retrato de El Fayum (Kunsthistorisches Museum, Viena)

jueves, 26 de noviembre de 2015

Géneros literarios: modos y maneras de escribir


"GÉNERO"
Acepción 6 del DRAE:
"En las artes, sobre todo en la literatura, cada una de las distintas categorías o clases en que se pueden ordenar las obras según rasgos comunes de forma y de contenido".



En la segunda evaluación, los alumnos de Griego II del IES Sapere Aude tendrán que conocer, reconocer y explicar los rasgos que caracterizan y distinguen a dos importantes géneros literarios: HISTORIOGRAFÍA y LIRICA GRIEGAS. Maneras de hacer literatura que vieron la luz en Grecia y se desarrollaron entre los griegos con tal brillantez y perfección que se han constituido en referentes para la literatura universal. HASTA HOY.

Abajo aparecen los documentos que los alumnos deben descargar.

Pero antes sólo dos breves textos. Uno perteneciente al género de la historiografía, de HERÓDOTO:

Si a todos los hombres se les diera a elegir entre todas las costumbres, cada cual escogería para sí las suyas, tan sumamente convencido está cada uno de que sus propias costumbres son las más perfectas. Y que todas las personas tienen esa convicción a propósito de las costumbres, puede demostrarse entre otros muchos ejemplos, por el siguiente: durante el reinado de Darío, este monarca convocó a los griegos que estaban en su corte y les preguntó por cuánto dinero accederían a comerse los cadáveres de sus padres. Ellos respondieron que no lo harían a ningún precio. Acto seguido, Darío convocó a los indios, que devoran a sus progenitores y les preguntó en presencia de los griegos (...) que por qué suma consentirían en quemar en una hoguera los restos mortales de sus padres. Ellos entonces se pusieron a vociferar, rogándole que no blasfemara.
Heródoto, Historiae, III, 38

IMAGEN: Vasija griega con sacrificio de Políxena (ver Higinio, Fabulae 110), más datos sobre la misma: clic.

... otro del género de la lírica, de SOLÓN:

Estas son las enseñanzas que mi corazón me ordena dar a los atenienses:
cómo Disnomía acarrea males sin cuento a una ciudad
mientras que Eunomía lo hace todo ordenado y cabal
y con frecuencia coloca los grillos a los malvados:
allana asperezas, cesa la hartura, acalla la violencia,
marchita las nacientes flores del infortunio,
endereza las sentencias torcidas y rebaja la insolencia,
hace cesar la discordia y el odio de la disensión funesta, y bajo su influjo
todas la acciones humanas son justas e inteligentes.
SOLÓN, Eunomía 3D
IMAGEN: Pínax de Locris (sobre esto y el Trono Ludovisi, clica aquí).

 :

miércoles, 25 de noviembre de 2015

¿Se puede ser más sintético?

Los alumnos de LATÍN de 4ºESO estudian los temas de historia de Roma correspondientes a la primera evaluación en las unidades didácticas I, II y III de su libro de texto (ed. Casals): Monarquía, República e Instituciones de la República. Para facilitar la labor de síntesis y memorización hemos optado por elaborar mapas conceptuales juntos en clase.
La UD III corre prisa, así que la profesora se ha dejado convencer y os regala el mapa conceptual ya hecho. Además, si queréis descargarlo en formato pdf, haced clic aquí.


domingo, 22 de noviembre de 2015

Aprendiz de brujo


Da motivo a esta entrada un episodio de la obra de LUCIANO DE SAMOSATA titulada Cuentistas o el descreído (cap. 35 a 36) que inspiró a Goethe un poema al que Paul Dukas puso música y Disney imágenes en la película Fantasía. 



LUCIANO,  autor de lengua griega del siglo II d. C. procedente de Siria (zona que albergaría siglos después a los narradores árabes de las Mil y una noches), cuenta relatos fabulosos combinando de maravilla mentiras increíbles con su refinada educación helenística, humor ácido y un talante crítico de lo más penetrante.

Uno de los grandes valores de Luciano es ser precursor de la literatura fantástica occidental al estilo, por ejemplo, de los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift (publicados en 1726, cliq), por no hablar de Julio Verne (1828-1905), quien dio vida en sus obras a un sinfín de mundos imaginarios. Por cierto, Julio Verne es objeto actualmente de una exposición en Madrid, hasta el 21 de febrero, en Espacio Fundaciὀn Telefónica (más información: cliq).

En Cuentistas o el descreído, Tiquíades reproduce una conversación mantenida en casa del filósofo Éucrates, a quien visitó por encontrarse enfermo. Allí van sumándose otros amigos de Éucrates, todos gentes cultivadas, y la conversación cobra un cariz que deja boquiabierto a Tiquíades: ¡¿cómo es posible que esos hombres de reputada erudición crean en las más peregrinas supercherías: magia para sanar enfermedades, hechizos, apariciones, encuentros con fantasmas y otras variopintas visiones y experiencias paranormales?!

En un momento de la conversación Éucrates cuenta su experiencia junto a Páncrates, un milagrero con quien pasó una temporada. Resulta que este hombre daba vida a los objetos (una barra de puerta, una escoba o la mano de un mortero), haciendo que le sirvieran como criados. Un buen día Éucrates, que se ha enterado de las palabras mágicas necesarias, pone en movimiento a un mortero de madera. Pero la cosa se le va de las manos, el mortero no obedece... ¡y se produce el caos!

La anécdota del aprendiz de brujo contada por Luciano inspiró un poema a Goethe (cliq) y éste al músico francés Paul Dukas, quien en 1897 compuso un poema sinfónico titulado L'Apprenti Sorcier, música que da vida a Mickey Mouse en la película de Walt Disney Fantasía, estrenada en 1940Allí Mickey es el imprudente aprendiz de brujo incapaz de controlar las consecuencias de sus torpes hechizos.

Este es un fragmento del citado pasaje de Luciano al que nos referimos de Cuentistas o el descreído (Φιλοψευδής):

(35.10) Un día oí el conjuro sin que se enterara (era de tres sílabas), agazapado entre las sombras. Él se marchaba al ágora tras ordenar al mortero lo que tenía que hacer, así que yo al día siguiente después de vestir al mortero de la misma forma y de pronunciar las sílabas mágicas, le ordené ir por agua. Cuando hubo traído el cántaro lleno, le dije. “¡Cesa ya de traer agua! ¡Sé otra vez mortero!”. Mas ya no quería obedecerme, sino que seguía trayendo agua hasta que nos inundó la casa a fuerza de acarrear. Yo, sin saber cómo solucionar la cosa (36.10), pues temía que Páncrates llegara y se enojara (como ocurrió), tomé un hacha y partí el mortero en dos pedazos. Entonces cada parte cogió un ánfora y siguió trayendo agua, de modo que en vez de uno tenía yo dos sirvientes. En esto llega Páncrates y al conocer lo ocurrido los convirtió de nuevo en morteros de madera como eran antes del hechizo”.  (Traducción propia)

(35.10) Mιᾷ δέ ποτε ἡμέρᾳ λαθὼν ἐπήκουσα τῆς ἐπῳδῆς, ἦν δὲ τρισύλλαβος σχεδόν, ἐν σκοτεινῷ ὑποστάς. καὶ ὁ μὲν ᾤχετο εἰς τὴν ἀγορὰν ἐντειλάμενος τῷ ὑπέρῳ (36.1) ἃ ἔδει ποιεῖν. ἐγὼ δὲ εἰς τὴν ὑστεραίαν ἐκείνου ὕπερον σχηματίσας ὁμοίως, ἐπειπὼν τὰς συλλαβάς, ἐκέλευσα ὑδροφορεῖν. ἐπεὶ δὲ ἐμπλησάμενον τὸν ἀμφορέα ἐκόμισε, ‘Πέπαυσο,’ ἔφην, ’καὶ μηκέτι ὑδροφόρει, ἀλλ' ἴσθι αὖθις ὕπερον·’ τὸ δὲ οὐκέτι μοι πείθεσθαι ἤθελεν, ἀλλ' ὑδροφόρει ἀεί, ἄχρι δὴ ἐνέπλησεν ἡμῖν ὕδατος τὴν οἰκίαν ἐπαντλοῦν. ἐγὼ δὲ ἀμηχανῶν τῷ πράγματι (36.10) ἐδεδίειν γὰρ μὴ ὁ Παγκράτης ἐπανελθὼν ἀγανακτήσῃ, ὅπερ καὶ ἐγένετο – ἀξίνην λαβὼν διακόπτω τὸ ὕπερον εἰς δύο μέρη· τὰ δέ, ἑκάτερον τὸ μέρος, ἀμφορέας λαβόντα ὑδροφόρει καὶ ἀνθ' ἑνὸς δύο μοι ἐγεγένηντο οἱ διάκονοι. ἐν τούτῳ καὶ ὁ Παγκράτης ἐφίσταται καὶ συνεὶς τὸ γενόμενον ἐκεῖνα μὲν αὖθις ἐποίησε ξύλα, ὥσπερ ἦν πρὸ τῆς ἐπῳδῆς.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Si te conocieras, sabrías que eres pura contingencia

Museo Nacional de Antropología (Madrid)
La σωφροσύνη o prudencia jugaba un papel fundamental en el universo de valores del hombre griego. Las palabras que podían leerse en la puerta del templo de Apolo en Delfos: γνῶθι σαυτόν “conócete a ti mismo” resumen la doctrina de la σωφροσύνη: la exhortación a no perder de vista los límites del hombre. Si el hombre practica la σωφροσύνη, no peca contra los dioses pues la peor ofensa que puede hacérseles es no pensar “humanamente”, aspirar a ser como ellos, lo cual sería ὕβρις, soberbia, el polo opuesto a la σωφροσύνη.
La literatura griega relata muchos casos de hombres fulminados por la “envidia (φθόνος) de los dioses” porque no supieron permanecer dentro de los límites humanos. Así la historia de Creso relatada por el historiador Heródoto (s. V a.C.).

HERÓDOTO, Historias , libro I
Entrevista de Creso y Solón. El sabio Solón, legislador ateniense, amonesta al poderoso rey lidio Creso. Final de Creso

30. […] Creso, cuando tuvo ocasión, le formuló < a Solón> la siguiente pregunta; “Amigo ateniense, hasta nosotros ha llegado sobre tu persona una gran fama en razón de tu sabiduría y de tu espíritu viajero, ya que por tus anhelos de conocimiento y de ver mundo has visitado muchos países; por ello me ha asaltado ahora el deseo de preguntarte si has visto al hombre más dichoso del mundo”.
Creso le formulaba esta pregunta en la creencia de que era él el hombre más dichoso, pero Solón, sin ánimo de adulación sino ateniéndose a la verdad le contesto: “Sí, majestad, a Telo de Atenas”. Creso quedó sorprendido con su respuesta y le preguntó con curiosidad: “¿Y por qué consideras que Telo es el más dichoso?”.
Entonces Solón replicó: “Ante todo, Telo tuvo, en una próspera ciudad, hijos que eran hombres de pro y llegó a ver que a todos les nacían hijos y que en su totalidad llegaban a mayores […].
31. Creso, entonces, le preguntó cuál era, entre los hombres que había conocido, el segundo después de Telo, en la plena convicción de que, al menos, se llevaría el segundo lugar.
Pero Solón contestó: “Cléobis y Bitón” 

Solón cuenta la historia de dos hermanos gemelos de gran fuerza física. Una vez que su madre tenía que ir al santuario de Hera en carro con motivo de unas fiestas, al no haber bueyes disponibles la llevaron ellos mismos unciéndose como animales de tiro. La madre, orgullosa, pidió a la diosa que concediera a sus hijos el don más preciado que puede alcanzar el hombre. Los jóvenes se echaron a dormir en el propio santuario y al día siguiente no despertaron.

32 Así pues, Solón concedía estos jóvenes el segundo lugar en lo que a felicidad respecta, pero Creso, indignado, exclamó: “¿Y en tan poco aprecias nuestra felicidad, extranjero ateniense, que ni siquiera nos consideras dignos de rivalizar con simples particulares?”.
Pero Solón replicó: “Creso, me haces preguntas sobre cuestiones humanas y yo sé que la divinidad es envidiosa y causa de perturbación. Porque en el largo tiempo de una vida, uno tiene ocasión de ver muchas cosas que no quisiera y de padecer también muchas otras […] Por lo tanto, Creso, el hombre es pura contingencia. Bien veo que eres sumamente rico y rey de muchos súbditos, pero no puedo responderte todavía a la pregunta que me hacías, sin saber antes que has terminado felizmente tu existencia” […] Es menester considerar el resultado final de toda situación, pues en realidad la divinidad ha permitido a muchos contemplar la felicidad y, luego, los ha apartado radicalmente de ella”.

A Creso le sobreviene el castigo por su ὕβρις: fallece su amado hijo Atis. Aunque un oráculo le había advertido que el chico moriría a consecuencia de una punta de lanza y, consecuentemente, Creso hacía lo posible por alejarle de la guerra y de los torneos, un amigo de Creso lo mata por error durante una cacería. Más tarde, Creso es vencido por los persas y hecho prisionero. Entonces el rey Ciro lo condena a morir quemado en una pira. Sobre ésta, Creso manifiesta su arrepentimiento, ensalzando ahora y valorando las sabias palabras de Solón. De esta manera mueve al rey persa a perdonarle la vida:

86. [...] de Creso cuentan que, viéndose sobre la pira, todo el horror de su situación no pudo impedir que le viniese a la memoria el dicho de Solón, que parecía ser para él un aviso del cielo, de que nadie de los mortales en vida era feliz. Lo mismo fue asaltarle este pensamiento, que como si volviera de un largo desmayo exclamó por tres veces: —«¡Oh Solón!» con un profundo suspiro. Oyéndolo el rey de Persia, mandó a los intérpretes le preguntasen quién era aquel a quien invocaba. Pero él no desplegó sus labios, hasta que forzado a responder, dijo: —«Es aquel que yo deseara tratasen todos los soberanos de la tierra, más bien que poseer inmensos tesoros.»
[...] Ciro luego que oyó a los intérpretes el discurso de Creso, al punto mudó de resolución, reflexionando ser hombre mortal, y no deber por lo mismo entregar a las llamas a otro hombre, poco antes igual suyo en grandeza y prosperidad. Temió también la venganza divina y la facilidad con que las cosas humanas se mudan y trastornan. Poseído de estas ideas, manda inmediatamente apagar el fuego y bajar a Creso de la hoguera y a los que con él estaban.
En la imagen Creso es representado a punto de ser quemado en la pira: cliquea.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Séneca vive encima de unos baños y así no hay quien estudie

TERMAS DE CARTAGO NOVA (s. I d. C.)



SÉNECA, Epistulae ad Lucilium VI, 56
¡Así me maten si el silencio es tan necesario como parece para el que se ha retirado a estudiar! He me aquí envuelto por doquier en variopinta algarabía: vivo justo encima de unos baños. Imagínate ahora todo género de voces que pueden resultar odiosas a unos oídos. Cuando los fortachones hacen ejercicios y bracean con las manos cargadas de pesas, cuando se fatigan o fingen fatigarse, oigo gemidos; cada vez que expulsan el aliento contenido, oigo silbidos y agudísimos jadeos; cuando me toca algún bobo concentrado en masajear a la plebe, oigo el golpeteo de las manotadas en la espalda, que según se den con la palma o con el hueco de la misma, suenan de modo distinto. ¡Y si llega un jugador de pelota y se pone a contar los puntos, olvídate! [2] Añade a su vez al pendenciero y al ladrón pillado y ese tipo al que le encanta el sonido de su voz en el baño; suma ahora a quienes se tiran a la piscina con gran estruendo de salpicaduras. Además de estos, los cuales, por lo menos, sacan su voz natural, piensa en el depilador, que de vez en cuando pone una voz fina y estridente para hacerse notar y nunca calla excepto cuando depila unos sobacos y obliga a otro a gritar en su lugar; finalmente las variadas exclamaciones del vendedor de refrescos, salchicheros y pasteleros, y los comerciantes de tabernas todos vendiendo la mercancía con su particular y típica cantinela. (Traducción propia)

Peream si est tam necessarium quam videtur silentium in studia seposito. Ecce undique me varius clamor circumsonat: supra ipsum balneum habito. Propone nunc tibi omnia genera vocum quae in odium possunt aures adducere: cum fortiores exercentur et manus plumbo graves iactant, cum aut laborant aut laborantem imitantur, gemitus audio, quotiens retentum spiritum remiserunt, sibilos et acerbissimas respirationes; cum in aliquem inertem et hac plebeia unctione contentum incidi, audio crepitum illisae manus umeris, quae prout plana pervenit aut concava, ita sonum mutat. Si vero pilicrepus supervenit et numerare coepit pilas, actum est. [2] Adice nunc scordalum et furem deprensum et illum cui vox sua in balineo placet, adice nunc eos qui in piscinam cum ingenti impulsae aquae sono saliunt. Praeter istos quorum, si nihil aliud, rectae voces sunt, alipilum cogita tenuem et stridulam vocem quo sit notabilior subinde exprimentem nec umquam tacentem nisi dum vellit alas et alium pro se clamare cogit; iam biberari varias exclamationes et botularium et crustularium et omnes popinarum institores mercem sua quadam et insignita modulatione vendentis. (Texto tomado de wikisource)
La imagen de arriba es un mosaico hallado en unas termas de Sabratha (Libia) que representa unas zapatillas de baño, tres estrígiles y un eslogan: "SALVOM LAVISSE" ("¡qué bueno que te hayas bañado!").

Es muy recomendable el siguiente vídeo: es el fragmento de "La construcción de un imperio" (Canal Historia 2006) dedicado a las Termas de Caracalla (fecha de construcción: 212-217 d. C.).

martes, 17 de noviembre de 2015

La muerte esperaba mientras Argos esperaba

Los alumnos de Griego I (1º BCHTO) del IES Sapere Aude realizaron hace días un ejercicio de lectura sobre un fragmento del canto XXIII de la Odisea (ver la entrada del Lunes 9 de Noviembre: cliquea).
El correspondiente cuestionario preguntaba por un personaje de la obra que, además de Euriclea, había reconocido a Odiseo aun disfrazado de mendigo.
Euriclea reconoció al héroe por una cicatriz infligida por el colmillo de un jabalí. Ahora bien, el porquero Eumeo y el propio Telémeco no reconocieron a Odiseo, sino que fue este quien tuvo que darse a conocer.
Nos queda el viejo perro Argos. Él supo de inmediato a quién tenía delante. Lo vio y murió en el acto.
"De Argos entonces se apoderó la Moira de negra muerte tan pronto como volvió a ver a Odiseo tras veinte años".
Ἄργον δ᾽ αὖ κατὰ μοῖρ᾽ ἔλαβεν μέλανος θανάτοιο, αὐτίκ᾽ ἰδόντ᾽ Ὀδυσῆα ἐεικοστῶι ἐνιαυτῶι.
Argos estaba esperando a su amo.

Odisea, Canto XVII, 290-327

Así éstos conversaban. Y un perro que estaba echado, alzó la cabeza y las orejas: era Argos, el can del paciente Odiseo, a quien éste había criado, aunque luego no se aprovechó del mismo porque tuvo que partir a la sagrada Ilión. Anteriormente llevábanlo los jóvenes a correr cabras montesas, ciervos y liebres; mas entonces, en la ausencia de su dueño yacía abandonado sobre mucho fimo de mulos y de bueyes que vertían junto a la puerta a fin de que los siervos de Odiseo lo tomasen para estercolar los dilatados campos: allí estaba tendido Argos, todo lleno de garrapatas. Al advertir que Odiseo se aproximaba, le halagó con la cola y dejó caer ambas orejas, mas ya no pudo salir al encuentro de su amo; y éste cuando lo vio enjugóse una lágrima que con facilidad logró ocultar a Eumeo, a quien hizo después esta pregunta:

—¡Eumeo! Es de admirar que este can yazga en el fimo, pues su cuerpo es hermoso; aunque ignoro si, con tal belleza, fue ligero para correr o como los que algunos tienen en su mesa y sólo por lujo los crían sus señores.

Y tú le respondiste así, porquerizo Eumeo:

—Ese can perteneció a un hombre que ha muerto lejos de nosotros. Si fuese tal como era en el cuerpo y en la actividad cuando Odiseo lo dejó al irse a Troya, pronto admirarías su ligereza y su vigor: no se le escapaba ninguna fiera que levantase, ni aun en lo más hondo de intrincada selva, porque era sumamente hábil en seguir un rastro. Mas ahora abrúmanle los males a causa de que su amo murió fuera de la patria, y las negligentes mozas no lo cuidan, porque los siervos, así que el amo deja de mandarlos, no quieren trabajar como es razón; que el largovidente Zeus le quita al hombre la mitad de la virtud el mismo día en que cae esclavo.

Diciendo así, entróse por el cómodo palacio y se fue derecho a la sala, hacia los ilustres pretendientes. Entonces la Moira de la negra muerte se apoderó de Argos después que tornara a ver a Odiseo al vigésimo año.   

Traducción de wikisource: cliquea y texto griego tomado de Bibliotheca Augustana: cliquea.
La imagen es un cuadro del pintor holandés Paulus Potter (1626-1654) hoy en el Museo Hermitage de San Petesburgo (Rusia)

sábado, 14 de noviembre de 2015

Legere Aude! Aconseja buenas lecturas en el Blog del IES Sapere

Como estrategia para el fomento de la lectura, el IES Sapere Aude ha reservado en su Blog de enriquecimiento curricular y extraescolares "¡Atrévete con el Sapere!" un espacio en el que se irán publicando breves reseñas de libros que alumnos y profesores escribirán de forma voluntaria.

También los padres de alumnos e incluso los lectores de la Biblioteca de La Casona de Villanueva del Pardillo están invitados a la participación.

Hay abierto un correo al que dirigir las reseñas, consejos de lectura y otras aportaciones relacionadas con los libros: leo.sapereaude@gmail.com.

Si quieres leer todos los consejos sobre libros, las reseñas y los trucos que da el Sapere Aude para surcar con éxito el mar de las letras clica aquí o en la foto.

lunes, 9 de noviembre de 2015

...era aquel forastero al que todos ultrajaban en el palacio.

Odisea. Canto XXIII, 1-95 y 166-209
Traducción de Luis Segalá y Estalella (clik)
Muy alegre se encaminó la vieja a la estancia superior para decirle a su señora que tenía dentro de la casa al amado esposo. Apenas llegó, moviendo firmemente las rodillas y dando saltos con sus pies, inclinóse sobre la cabeza de Penelopea y le dijo estas palabras:
—Despierta, Penelopea, hija querida, para ver con tus ojos lo que ansiabas todos los días. Ya llegó Odiseo, ya volvió a su casa, aunque tarde, y ha dado muerte a los ilustres pretendientes que contristaban el palacio, se comían los bienes y violentaban a tu hijo.

Respondióle la discreta Penelopea: —¡Ama querida! Los dioses te han trastornado el juicio; que ellas pueden entorpecer al muy discreto y dar prudencia al simple, y ahora te dañaron a ti, de ingenio tan sesudo. ¿Por qué te burlas de mí, que padezco en el ánimo multitud de pesares, refiriéndome embustes y despertándome del dulce sueño que me tenía amodorrada por haberse difundido sobre mis párpados? No había descansado de semejante modo desde que Odiseo se fue para ver aquella Ilión perniciosa y nefanda. Mas, ea, torna a bajar y ocupa tu sitio en el palacio: que si otra de mis mujeres viniese con tal noticia a despertarme, pronto la mandaría al interior de la casa de vergonzosa manera; pero a ti la senectud te salva.
Contestóle su ama Euriclea: —No me burlo hija querida; es verdad que vino Odiseo y llegó a esta casa, como te lo cuento: era aquel forastero a quien todos ultrajaban en el palacio. Tiempo ha sabía Telémaco que se hallaba aquí; mas con prudente ardid ocultó los intentos de su padre, para que pudiese castigar las violencias de aquellos hombres orgullosos.

Así habló. Alegróse Penelopea y, saltando de la cama, abrazó a la vieja, dejó que cayeran lágrimas de sus ojos, y profirió estas aladas palabras:
—Pues, ea, ama querida, cuéntame la verdad, si es cierto que vino a esta casa, como aseguras, y de qué manera logró poner las manos en los desvergonzados pretendientes estando él solo y hallándose los demás siempre reunidos en el interior del palacio.

Respondióle su ama Euriclea:

—No lo he visto, no lo sé, tan sólo percibí el suspirar de los que caían muertos, pues nosotras permanecimos, llenas de pavor, en lo más hondo de la sólida habitación con las puertas cerradas hasta que tu hijo Telémaco fue desde la sala y me llamó por orden de su padre. Hallé a Odiseo de pie entre los cadáveres, que estaban tendidos en el duro suelo, a su alrededor, los unos encima de los otros: se te holgará el ánimo de verle manchado de sangre y polvo, como un león.

Ahora yacen todos juntos en la puerta del patio y Odiseo ha encendido un gran fuego, azufra la magnífica morada y me envió a llamarte. Sígueme, pues, a fin de que ambos llenéis vuestro corazón de contento, ya que padecisteis tantos males. Por fin se cumplió aquel gran deseo. Odiseo tornó vivo a su hogar, hallándolos a ti y a tu hijo; y a los pretendientes que lo ultrajaban, los ha castigado en su mismo palacio.

Contestóle la discreta Penelopea:
—¡Ama querida! No cantes aún victoria regocijándote con exceso. Bien sabes cuan grata nos había de ser su venida a todos los del palacio y especialmente a mí y al hijo que engendramos; pero la noticia no es cierta como tú la das, sino que alguno de los inmortales ha muerto a los ilustres pretendientes, indignado de ver sus dolorosas injurias y sus malvadas acciones. Que no respetaban a ningún hombre de la tierra, malo o bueno que a ellos se llegara; y de ahí viene que, a causa de sus iniquidades, hayan padecido tal infortunio. Pero la esperanza de volver feneció lejos de Acaya para Odiseo, y éste también ha muerto.

Respondióle en el acto su ama Euriclea:
—¡Hija mía! ¡Qué palabras se te escaparon del cerco de los dientes, al decir que jamás volverá a esta casa tu marido, cuando ya está junto al hogar! Tu ánimo es siempre incrédulo. Mas, ea, voy a revelarte otra señal manifiesta: la cicatriz de la herida que le infirió un jabalí con su blanco diente. La reconocí mientras le lavaba y quise decírtelo; pero él, con sagaz previsión, me lo impidió tapándome la boca con sus manos. Sígueme, que yo misma me doy en prenda y, si te engaño, me matas haciéndome padecer la más deplorable de las muertes.

Contestóle la discreta Penelopea:

—Ama querida! Por mucho que sepas, difícil es que averigües los designios de los sempiternos dioses. Mas, con todo, vamos adonde está mi hijo, para que yo vea muertos a los pretendientes y a quien los ha matado.

Dijo así, y bajó de la estancia superior revolviendo en su corazón muchas cosas: si interrogaría a su marido desde lejos, o si, acercándose a él, le besaría la cabeza y le tomaría las manos. Después que entró en la sala, trasponiendo el pétreo umbral, fue a sentarse enfrente de Odiseo, al resplandor del fuego en la pared opuesta, pues el héroe se hallaba sentado de espaldas a una elevada columna, con la vista baja, esperando si le hablaría su ilustre consorte así que en él pusiera los ojos. Mas Penelopea permaneció mucho tiempo sin desplegar los labios por tener el corazón estupefacto: unas veces, mirándole fijamente a los ojos, veía que aquél era realmente su aspecto; y otras no le reconocía a causa de las miserables vestiduras que llevaba.
[…]
¡Desdichada! Los que viven en olímpicos palacios te dieron corazón más duro que a las otras débiles mujeres. Ninguna se quedaría así, con ánimo tenaz, alejada de su marido, cuando éste, después de pasar tantos males, vuelve en el vigésimo año a la patria tierra. Pero ve, nodriza, y aparéjame la cama para que pueda acostarme, que ésa tiene en su pecho corazón de hierro.
Contestóle la divina Penelopea:
—¡Desdichado! Ni me entono, ni me tengo en poco, ni me admiro en demasía; pues sé muy bien cómo eras cuando partiste de Itaca en la nave de largos remos. Ve, Euriclea, y ponle la fuerte cama en el exterior de la sólida habitación que construyó él mismo: sácale de allí la fuerte cama y aderézale el lecho con pieles, mantas y colchas espléndidas.

Habló de semejante modo para probar a su marido; pero Odiseo, irritado, díjole a la honesta esposa:

—¡Oh mujer! En verdad que me da gran pena lo que has dicho. ¿Quién me habrá trasladado el lecho? Difícil le fuera hasta al más hábil, si no viniese un dios a cambiarlo fácilmente de sitio; mas ninguno de los mortales que hoy viven, ni aun de los más jóvenes, lo movería con facilidad, pues hay una gran señal en el labrado lecho que hice yo mismo y no otro alguno. Creció dentro del patio un olivo de alargadas hojas, robusto y floreciente, que tenía el grosor de una columna. En torno suyo labré las paredes de mi cámara, empleando multitud de piedras, la cubrí con excelente techo y la cerré con puertas sólidas firmemente ajustadas.

Después corté el ramaje de aquel olivo de alargadas hojas; pulí con el bronce su tronco desde la raíz, haciéndolo diestra y hábilmente; lo enderecé por medio de un nivel para convertirlo en pie de la cama, y lo taladré todo con un barreno. Comenzando por este pie, fui haciendo y pulimentando la cama hasta terminarla, la adorné con oro, plata y marfil, y extendí en su parte interior unas vistosas correas de piel de buey, teñidas de púrpura. Tal es la señal que te doy; pero ignoro, oh mujer, si mi lecho sigue incólume o ya lo trasladó alguno, habiendo cortado el pie de olivo.

Así le dijo; y Penelopea sintió desfallecer sus rodillas y su corazón, al reconocer las señales que Odiseo daba con tal certidumbre. Al punto corrió a su encuentro, derramando lágrimas, echóle los brazos alrededor del cuello, le besó en la cabeza y le dijo: —No te enojes conmigo, Odiseo…

CUESTIONARIO
1.      La Odisea puede ser dividida en tres partes de acuerdo a su contenido. Señala los cantos que ocupan cada una de esas tres partes y explica cuál es el tema fundamental de cada una de ellas.
2.      Resume brevemente el texto que has leído.
3.      ¿Quién es Euriclea? Hay otro personaje en el poema relacionado estrechamente con Odiseo que también lo reconoce al llegar, ¿a quién nos referimos?
4.      ¿En qué canto del poema se entera Telémaco de la presencia de su padre en Ítaca? ¿En qué condiciones llega y permanece Odiseo en Ítaca y por qué razón? ¿De dónde viene Odiseo cuando llega a Ítaca?
5.      ¿Quiénes son los pretendientes y a qué se dedican en el palacio de Odiseo?
6.      ¿Cuál es la actitud de Penélope en relación a los pretendientes?
7.      Investiga: ¿Por qué dice Euriclea que Odiseo “azufra la magnífica morada”? (lín. 31)
8.      En lín. 43 es verso formular: “¿qué palabras se te escaparon del cerco de los dientes?”. Explica a qué llamamos “dicción formular”.
9.      ¿De qué forma dice Euriclea que descubrió la identidad de Odiseo?
10.   Explica cómo comprueba Penélope la identidad de Odiseo.


EL DOCUMENTO CON TEXTO Y CUESTIONARIO PARA SU DESCARGA, AL FINAL.
IMÁGENES: Relieve del Heroon de Trysa (Kunsthistorisches Museum, Viena); Estatua de Penélope (Museos Vaticanos, Roma).



Loreena McKennitt - Penelope's Song (del album: "Troubadours On the Rhine", 2012)
Now that the time has come Soon gone is the day There upon some distant shore You'll hear me say. Long as the day in the summer time Deep as the wine dark sea I'll keep your heart with mine. Till you come to me.There like a bird I'd fly High through the air Reaching for the sun's full rays Only to find you there. And in the night when our dreams are still Or when the wind calls free I'll keep your heart with mine Till you come to me. Now that the time has come Soon gone is the day There upon some distant shore You'll hear me say. Long as the day in the summer time Deep as the wine dark sea I'll keep your heart with mine. Till you come to me.


sábado, 7 de noviembre de 2015

Hefesto, el "Homo Faber" y la obtención de la Piedra Filosofal


El escudo de Aquiles, descrito minuciosamente en el Canto XXIII de la Ilíada, parece encerrar un complejo de símbolos relacionados con un mundo redondo de hombres y dioses que está rodeado por el río Océano y orbita en torno al mar, la tierra, el sol, la luna y las estrellas. El escudo lo forjó Hefesto, dios de la fragua, a petición de Tetis.


Según el libro Herreros y alquimistas de Mircea Eliadeen mitologías de otros pueblos también aparece con frecuencia un Dios Herrero o un Herrero Mítico que se ocupa de los héroes. Por ejemplo, entre los yakutos (pueblo de Siberia) K`daai Maqsin, forjador principal del infierno, repara los miembros rotos o amputados de los héroes, mientras que Chyky se ocupa, como monitor de guerreros, de forjar sus armas. Además estos Herreros Divinos, al igual que Hefesto en el caso de la mitología griega, son arquitectos y artesanos de los dioses.

El herrero de las civilizaciones antiguas llevaba a cabo un trabajo imbuido de profundos significados mágico-religiosos. Tiene "poderes" porque modifica la materia por medio del fuego haciendo cosas, como un nuevo creador que imita al Demiurgo o Creador del mundo... ¡cuánto poder en manos de un hombre! Un poder, por cierto, que ya había experimentado el primer agricultor cuando obtuvo harina de los granos de trigo, o el primer alfarero cuando transformó un puñado de barro en una vasija.

Pues bien, el hombre que de los minerales obtiene metales y del metal objetos es un mago, ya que continua y perfecciona el trabajo de la Madre-Tierra, la cual guarda en su interior los minerales como una madre guarda vida en su útero donde va gestándose el embrión. He aquí al ser humano, convertido en homo faber, en "artesano", capaz de imitar e incluso superar a la propia Madre Naturaleza, acelerando los procesos naturales: adelantándose al tiempoEl alquimista que espera transformar cualquier mineral en oro pretende esto mismo: acelerar procesos. No es extraño que la "Piedra Filosofal" consiga vencer al tiempo y producir inmortalidad.

Diversos pueblos del mundo (africanos, indios, chinos, aborígenes australianos, indios americanos, culturas precolombinas) presentan claros paralelismos en sus mitos y ritos relacionados con el oficio de herrero. En estas sociedades el herrero era respetado como un chamán, un maestro, mago y curandero, a veces también poeta, descendiente de los dioses. Estos poderes son una copia de aquellos que poseía el Herrero Celeste del que hablamos al comienzo. Y el oficio pasaba de generación en generación a través de códigos y sacrificios rituales altamente secretos transmitidos de padres a hijos. 

Hefesto es cojo y feo. También otros Herreros Celestes o divinidades con ellos relacionadas presentan una fealdad extrema, son enanos o están mutilados. Divinidades señaladas con alguna invalidez suelen tener que ver con el trabajo de la metalurgia y viven en las entrañas de la tierra. Tan feos y tan en las profundidades que con el cristianismo fueron asimilados a los demonios y el antiguo Herrero Celeste  fue identificado con el Diablo en persona.

Pero dejemos aquí al ilustre artífice, a Hefesto, a quien hemos traído a colación por ser, a la vez que cojitranco, tan amable como para forjar a Aquiles sus armas, escudo simbólico incluido. Y leamos la descripción ("écfrasis") del escudo de Aquiles en Ilíada XXIII, 478-608:

Fabricó en primerísimo lugar un alto y compacto escudo primoroso por doquier y en su contorno puso una reluciente orla de tres capas, chispeante, a lo que ajustó un áureo talabarte. El propio escudo estaba compuesto de cinco láminas y en él fue creando muchos primores con hábil destreza.

Hizo figurar en él la tierra, el cielo y el mar, El infatigable sol y la luna llena, así como todos los astros que coronan el firmamento: las Pléyades, las Híades y el poderío de Orión, y la Osa, que también denominan con el nombre de Carro, que gira allí mismo y acecha a Orión, y que es la única que no participa de los baños en el Océano.

Realizó también dos ciudades de míseras gentes, bellas. En una había bodas y convites, y novias a las que a la luz de las antorchas conducían por la ciudad desde cámaras nupciales; muchos cantos de boda alzaban su son; jóvenes danzantes daban vertiginosos giros y en medio de ellos emitían su voz flautas dobles y fórmiges, mientras las mujeres se detenían a la puerta de los vestíbulos maravilladas. Los hombres estaban reunidos en el mercado. Allí una contienda se había entablado, y dos hombres pleiteaban por la pena debida a un causa de un asesinato: uno insistía en que había pagado todo en su testimonio público, y el otro negaba haber recibido nada, y ambos reclamaban el recurso a un árbitro para el veredicto. Las gentes aclamaban a ambos, en defensa de uno o de otro, y los heraldos intentaban contener al gentío. Los ancianos estaban sentados sobre pulidas piedras en un círculo sagrado y tenían en las manos los cetros de los claros heraldos, con los que se iban levantando para dar su dictamen por turno. En medio de ellos había dos talentos de oro en el suelo, para regalárselos al que pronunciara la sentencia más recta.

La otra ciudad estaba asediada por dos ejércitos de tropas que brillaban por sus armas. Contrarios planes les agradaban: saquearla por completo o repartir dos lotes todas las riquezas que la amena fortaleza custodiaba en su interior. Mas los sitiados no se avenían aún y disponían una emboscada. Las queridas esposas y los infantiles hijos defendían el muro de pie sobre él, y los varones a los que la vejez incapacitaba; los demás salían y al frente iban Ares y Palas Atenea, ambos de oro y vestidos como áureas ropas, bellos y esbeltos con sus armas, como corresponde a dos dioses, conspicuos a ambos lados, en tanto que las tropas eran menores. En cuanto llegaron a donde les pareció bien tender la emboscada, un río donde había un abrevadero para todos los ganados, se apostaron allí, recubiertos de un rutilante bronce. Dos vigías se habían instalado a distancia de los huestes al acecho de los ganados y de las vacas, de retorcidos cuernos. Éstos pronto aparecieron: dos pastores les acompañaban, recreándose con sus zampoñas sin prever en absoluto la celada. Al verlos, los agredieron por sorpresa y en seguida interceptaron la manada de vacas y los bellos rebaños de blancas ovejas y mataron a los que las apacentaban. Nada más percibir el gran clamor que rodeaba la vacada, los que estaban sentados ante los estrados en los caballos, de suspensas pezuñas, montaron, acudieron y pronto llegaron. Nada más formar se entabló la lucha en las riberas del río, y unos a otros se arrojaban las picas, guarnecidas de bronce. Allí intervenían la Disputa y el Tumulto, y la funesta Parca, que sujetaban a un recién herido vivo y a otro no herido, arrastraba de los pies a otro muerto en medio de la turba y llevaba a hombros un vestido enrojecido de sangre humana. Todos intervenían y luchaban igual que mortales vivos y arrastraban los cadáveres de los muertos de ambos bandos.

También representó un mullido barbecho, fértil campiña, ancho, que exigía tres vueltas. En él muchos agricultores guiaban las parejas acá y allá, girando como torbellinos. Cada vez que daban media vuelta al llegar al cabo del labrantío, un hombre con una copa de vino, dulce como miel, se les acercaba y se la ofrecía en las manos, y ellos giraban en cada surco, ávidos por llegar al término del profundo barbecho, que tras sus pasos ennegrecía y parecía tierra arada a pesar de ser oro, ¡singular maravilla de artificio!

Representó también un dominio real. En él había jornaleros que segaban con afiladas hoces en las manos. Unas brazadas caían al suelo en hileras a lo largo del surco, y otras las iban atando los agavilladores en hatos con paja. Tres agavilladores había de pie, y detrás había chicos que recogían las brazadas, las cargaban en brazos y se las facilitaban sin demora. Entre ellos el rey se erguía silencioso sobre un surco con el cetro, feliz en su corazón. Los heraldos se afanaban en el banquete aparte bajo una encina y se ocupaban del gran buey sacrificado; y las mujeres copiosa harina blanca espolvoreaban para la comida de los jornaleros.

Representó también una viña muy cargada de uvas, bella, áurea, de la que pendían negros racimos y que de un extremo a otro sostenían argénteas horquillas. Alrededor trazó un foso de esmalte y un vallado de estaño; un solo sendero guiaba hasta ella, por donde regresaban los porteadores tras la vendimia. Doncellas y mozos, llenos de joviales sentimientos, transportaban el fruto, dulce como miel, en trenzadas cestas. En medio de ellos un muchacho con una sonora fórmige tañía deliciosos sones y cantaba una bella canción de cosecha con tenue voz. Los demás, marcando el compás al unísono, le acompañaban con bailes y gritos al ritmo de sus brincos.

Realizó también una manada de cornierguidas vacas, que estaban fabricadas de oro y estaño y se precipitaban entre mugidos desde el estiércol al pasto por un estruendoso río que atravesaba un cimbreante cañaveral. Iban en hilera junto con las vacas cuatro áureos pastores, y nueve perros, de ágiles patas, les acompañaban. Dos pavorosos leones en medio de las primeras vacas sujetaban a un toro, de potente mugido, que bramaba sin cesar mientras lo arrastraban. Perros y mozos acudieron tras él pero aquéllos desgarraron la piel del enorme buey y engullían las entrañas y la negra sangre, mientras los pastores los hostigaban en vano, azuzando los rápidos perros. Éstos estaban demasiado lejos de los leones para morderlos; se detenían muy cerca y ladraban, pero los esquivaban.

El muy ilustre cojitranco realizó también un pastizal enorme para las blancas ovejas en una hermosa cañada, establos, chozas cubiertas y apriscos. El muy ilustre cojitranco bordó también una pista de baile semejante a aquella que una vez en la vasta Creta el arte de Dédalo fabricó para Ariadna, la de bellos bucles. Allí zagales y doncellas, que ganan bueyes gracias a la dote, bailaban con las manos cogidas entre sí por las muñecas. Ellas llevaban delicadas sayas, y ellos vestían túnicas bien hiladas, que tenían el suave lustre del aceite. Además, ellas sujetaban bellas guirnaldas, y ellos dagas áureas llevaban, suspendidas de argénteos tahalíes. Unas veces corrían formando círculos con pasos habilidosos y suma agilidad, como cuando el torno, ajustado a sus palmas, el alfarero prueba tras sentarse delante, a ver si marcha, y otras veces corrían hileras, unos tras otros. Una nutrida multitud rodeaba la deliciosa pista de baile, recreándose, y dos acróbatas a través de ellos, como preludio de la fiesta, hacían volteretas en medio.

Representó también el gran poderío del río Océano a lo largo del borde más extremo del sólido escudo. Después de fabricar el alto y compacto escudo, le hizo una coraza que lucía más que el resplandor del fuego y también unas grebas de maleable estaño.

Tras terminar toda la armadura, el ilustre cojitranco la levantó y la presentó delante de la madre de Aquiles, que, cual gavilán, descendió de un salto del nevado Olimpo, llevando las chispeantes armas de parte de Hefesto. Ilíada. Traducción de E.Crespo, editorial Gredos.