domingo, 11 de enero de 2015

Los olvidados de Roma

Apasionante la lectura del libro Los olvidados de Roma de Robert C Knapp (Ed. Ariel 2011).

El autor se adentra en la vida cotidiana de la gran mayoría de la población del Imperio romano, aquellos que paradójicamente han sido siempre considerados los “olvidados" o los “invisibles” debido a que las fuentes literarias latinas, escritas por miembros de las élites, no se ocupan de ellos; el motivo: una real y soberbia falta de interés por sus vidas sombrías.


Es por ello que el autor de Los olvidados de Roma ha tenido que buscar información sobre la gente corriente del Imperio sobre todo en inscripciones y papiros, allí donde se dejan oír las voces mismas de los “olvidados”. Otro tipo de fuentes estudiadas son el arte tipo graffiti o las imágenes sepulcrales, así como material arqueológico no artístico.

Según los datos que aporta Knapp, en la sociedad romana, fuertemente jerarquizada y clasista, pertenecían a la élite (es decir, a los órdenes senatorial, ecuestre y decurional) sólo un 0,5% del total de la población del Imperio y en sus manos se concentraba el 85% de la riqueza. El 25% de la población eran personas modestamente acomodadas: sencillos terratenientes, mercaderes, artesanos y médicos, fundamentalmente. El resto eran pobres, es decir, hombres y mujeres libres que viven al día, sin poder ahorrar ni invertir, y cuyo primer objetivo económico y psicológico no es prosperar, sino sencillamente sobrevivir; su forma de vida estaba, pues, orientada a la subsistencia, de ahí que los encontremos como mendigos callejeros, arrendatarios, jornaleros, prostitutas y comediantes.

Los olvidados de Roma trata también de los soldados, los esclavos, los libertos, las mujeres, los gladiadores y los bandidos, aportando siempre interesantes datos que el autor ha entresacado, ya lo dijimos, de inscripciones, papiros y literatura popular (fábulas, libros de magia, de interpretación de sueños, literatura cristiana). Su lectura es más que recomendable.

Pues bien, a partir del rico puñado de fuentes que Robert C Knapp cita en su libro Los olvidados de Roma, los alumnos de Latín de 4º ESO del Sapere Aude van a realizar esta semana una interesante actividad didáctica cuyo objetivo fundamental será la lectura y la reflexión sobre la vida de los “olvidados”de Roma mediante la elaboración creativa de los datos recabados en los textos leídos.

Más datos sobre esta actividad, que titularemos "Voces petrificadas" serán publicados en una Entrada del miércoles 14.

Ahora algo de información interesante.

Sobre los gladiadores, Knapp nos dice (pág 254-268) que se trataba bien de esclavos o bien de voluntarios libres obligados por contrato durante un tiempo determinado (a este tipo de gladiador se le llamaba auctoratus). Aunque gozaban de la admiración popular, el ser gladiador auctoratus (es decir, libre voluntario) conllevaba un estigma (la infamia), el mismo que la profesión de prostituta, proxeneta, lanista (mercader de gladiadores) o encargado de pompas fúnebres. Si el auctoratus es liberado no alcanza la ciudadanía romana, a diferencia del caso del liberto.



Llama la atención cómo para un hombre del común recurrir al amparo de la ley no es tarea fácil y, seguramente, inútil. Efectivamente, el recurso a la ley es caro y ayuda a los poderosos, así que el hombre corriente desconfía de los tribunales. El sistema legal era corrupto y poco eficaz, y estaba en manos de las élites. Sin policía ni protección, comerciar con objetos robados era fácil. La multitud se tomaba la justicia por su mano cuando se sorprendía a ladrones y criminales, de manera que no eran raros los linchamientos y tumultos. Las autoridades se mostraban pasivas en estos casos y dejaban hacer pues se consideraba que palizas y violencia tenían el valor de castigo ejemplarizante. En este contexto, el individuo se autoprotegía, casi siempre con la ayuda solidaria de sus iguales pero no, desde luego, de los poderosos.


Sobre los soldados, el libro de Robert C Knapp informa (pág. 183-217) de que sus condiciones de vida eran mejores que las del resto de “invisibles", pues comían mejor, tenían más higiene y por tanto, padecían menos enfermedades, y tenían la posibilidad de cierta movilidad social.


Ahora bien, el legionario no poseía otra familia que la legión, pues desde una ley de Augusto hasta los tiempos del Emperador Septimio Severo les estuvo prohibido casarse mientras eran soldados. Tenían una jubilación garantizada que se les iba retirando de la paga. En resumen, en una sociedad insegura económicamente e inmovilista ser soldado era una buena opción para un joven sin grandes posibilidades en casa. Además, en caso de tener problemas con la ley, la condición de soldado era ventajosa, pues posibilitaba eludir problemas legales ya que los legionarios sólo podían ser juzgados por tribunales militares y estaban exentos de ser torturados, entre otras ventajas.

Es muy recomendable leer el capítulo final del libro titulado "Discurso de despedida" (pág. 293-295). Allí se sintetiza con gran provecho para el lector las características fundamentales de los hombres corrientes del Imperio romanoDifieren de la élite; su relación con esclavos y libertos es estrecha; participan en negocios y asuntos legales con grandes riesgos de su hacienda e incluso de su integridad física; se ven perjudicados por los superiores y son duros con los de inferior condición; participan en elecciones votando; viven en la calle y participan activamente en fiestas y diversiones cívicas comunitarias; se agrupan; se defienden por si mismos sin grandes esperanzas en la ayuda de la administración; confían en la superstición, la magia y la religión para dar sentido y controlar su desafiante mundo.

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