sábado, 7 de noviembre de 2015

Hefesto, el "Homo Faber" y la obtención de la Piedra Filosofal


El escudo de Aquiles, descrito minuciosamente en el Canto XXIII de la Ilíada, parece encerrar un complejo de símbolos relacionados con un mundo redondo de hombres y dioses que está rodeado por el río Océano y orbita en torno al mar, la tierra, el sol, la luna y las estrellas. El escudo lo forjó Hefesto, dios de la fragua, a petición de Tetis.


Según el libro Herreros y alquimistas de Mircea Eliadeen mitologías de otros pueblos también aparece con frecuencia un Dios Herrero o un Herrero Mítico que se ocupa de los héroes. Por ejemplo, entre los yakutos (pueblo de Siberia) K`daai Maqsin, forjador principal del infierno, repara los miembros rotos o amputados de los héroes, mientras que Chyky se ocupa, como monitor de guerreros, de forjar sus armas. Además estos Herreros Divinos, al igual que Hefesto en el caso de la mitología griega, son arquitectos y artesanos de los dioses.

El herrero de las civilizaciones antiguas llevaba a cabo un trabajo imbuido de profundos significados mágico-religiosos. Tiene "poderes" porque modifica la materia por medio del fuego haciendo cosas, como un nuevo creador que imita al Demiurgo o Creador del mundo... ¡cuánto poder en manos de un hombre! Un poder, por cierto, que ya había experimentado el primer agricultor cuando obtuvo harina de los granos de trigo, o el primer alfarero cuando transformó un puñado de barro en una vasija.

Pues bien, el hombre que de los minerales obtiene metales y del metal objetos es un mago, ya que continua y perfecciona el trabajo de la Madre-Tierra, la cual guarda en su interior los minerales como una madre guarda vida en su útero donde va gestándose el embrión. He aquí al ser humano, convertido en homo faber, en "artesano", capaz de imitar e incluso superar a la propia Madre Naturaleza, acelerando los procesos naturales: adelantándose al tiempoEl alquimista que espera transformar cualquier mineral en oro pretende esto mismo: acelerar procesos. No es extraño que la "Piedra Filosofal" consiga vencer al tiempo y producir inmortalidad.

Diversos pueblos del mundo (africanos, indios, chinos, aborígenes australianos, indios americanos, culturas precolombinas) presentan claros paralelismos en sus mitos y ritos relacionados con el oficio de herrero. En estas sociedades el herrero era respetado como un chamán, un maestro, mago y curandero, a veces también poeta, descendiente de los dioses. Estos poderes son una copia de aquellos que poseía el Herrero Celeste del que hablamos al comienzo. Y el oficio pasaba de generación en generación a través de códigos y sacrificios rituales altamente secretos transmitidos de padres a hijos. 

Hefesto es cojo y feo. También otros Herreros Celestes o divinidades con ellos relacionadas presentan una fealdad extrema, son enanos o están mutilados. Divinidades señaladas con alguna invalidez suelen tener que ver con el trabajo de la metalurgia y viven en las entrañas de la tierra. Tan feos y tan en las profundidades que con el cristianismo fueron asimilados a los demonios y el antiguo Herrero Celeste  fue identificado con el Diablo en persona.

Pero dejemos aquí al ilustre artífice, a Hefesto, a quien hemos traído a colación por ser, a la vez que cojitranco, tan amable como para forjar a Aquiles sus armas, escudo simbólico incluido. Y leamos la descripción ("écfrasis") del escudo de Aquiles en Ilíada XXIII, 478-608:

Fabricó en primerísimo lugar un alto y compacto escudo primoroso por doquier y en su contorno puso una reluciente orla de tres capas, chispeante, a lo que ajustó un áureo talabarte. El propio escudo estaba compuesto de cinco láminas y en él fue creando muchos primores con hábil destreza.

Hizo figurar en él la tierra, el cielo y el mar, El infatigable sol y la luna llena, así como todos los astros que coronan el firmamento: las Pléyades, las Híades y el poderío de Orión, y la Osa, que también denominan con el nombre de Carro, que gira allí mismo y acecha a Orión, y que es la única que no participa de los baños en el Océano.

Realizó también dos ciudades de míseras gentes, bellas. En una había bodas y convites, y novias a las que a la luz de las antorchas conducían por la ciudad desde cámaras nupciales; muchos cantos de boda alzaban su son; jóvenes danzantes daban vertiginosos giros y en medio de ellos emitían su voz flautas dobles y fórmiges, mientras las mujeres se detenían a la puerta de los vestíbulos maravilladas. Los hombres estaban reunidos en el mercado. Allí una contienda se había entablado, y dos hombres pleiteaban por la pena debida a un causa de un asesinato: uno insistía en que había pagado todo en su testimonio público, y el otro negaba haber recibido nada, y ambos reclamaban el recurso a un árbitro para el veredicto. Las gentes aclamaban a ambos, en defensa de uno o de otro, y los heraldos intentaban contener al gentío. Los ancianos estaban sentados sobre pulidas piedras en un círculo sagrado y tenían en las manos los cetros de los claros heraldos, con los que se iban levantando para dar su dictamen por turno. En medio de ellos había dos talentos de oro en el suelo, para regalárselos al que pronunciara la sentencia más recta.

La otra ciudad estaba asediada por dos ejércitos de tropas que brillaban por sus armas. Contrarios planes les agradaban: saquearla por completo o repartir dos lotes todas las riquezas que la amena fortaleza custodiaba en su interior. Mas los sitiados no se avenían aún y disponían una emboscada. Las queridas esposas y los infantiles hijos defendían el muro de pie sobre él, y los varones a los que la vejez incapacitaba; los demás salían y al frente iban Ares y Palas Atenea, ambos de oro y vestidos como áureas ropas, bellos y esbeltos con sus armas, como corresponde a dos dioses, conspicuos a ambos lados, en tanto que las tropas eran menores. En cuanto llegaron a donde les pareció bien tender la emboscada, un río donde había un abrevadero para todos los ganados, se apostaron allí, recubiertos de un rutilante bronce. Dos vigías se habían instalado a distancia de los huestes al acecho de los ganados y de las vacas, de retorcidos cuernos. Éstos pronto aparecieron: dos pastores les acompañaban, recreándose con sus zampoñas sin prever en absoluto la celada. Al verlos, los agredieron por sorpresa y en seguida interceptaron la manada de vacas y los bellos rebaños de blancas ovejas y mataron a los que las apacentaban. Nada más percibir el gran clamor que rodeaba la vacada, los que estaban sentados ante los estrados en los caballos, de suspensas pezuñas, montaron, acudieron y pronto llegaron. Nada más formar se entabló la lucha en las riberas del río, y unos a otros se arrojaban las picas, guarnecidas de bronce. Allí intervenían la Disputa y el Tumulto, y la funesta Parca, que sujetaban a un recién herido vivo y a otro no herido, arrastraba de los pies a otro muerto en medio de la turba y llevaba a hombros un vestido enrojecido de sangre humana. Todos intervenían y luchaban igual que mortales vivos y arrastraban los cadáveres de los muertos de ambos bandos.

También representó un mullido barbecho, fértil campiña, ancho, que exigía tres vueltas. En él muchos agricultores guiaban las parejas acá y allá, girando como torbellinos. Cada vez que daban media vuelta al llegar al cabo del labrantío, un hombre con una copa de vino, dulce como miel, se les acercaba y se la ofrecía en las manos, y ellos giraban en cada surco, ávidos por llegar al término del profundo barbecho, que tras sus pasos ennegrecía y parecía tierra arada a pesar de ser oro, ¡singular maravilla de artificio!

Representó también un dominio real. En él había jornaleros que segaban con afiladas hoces en las manos. Unas brazadas caían al suelo en hileras a lo largo del surco, y otras las iban atando los agavilladores en hatos con paja. Tres agavilladores había de pie, y detrás había chicos que recogían las brazadas, las cargaban en brazos y se las facilitaban sin demora. Entre ellos el rey se erguía silencioso sobre un surco con el cetro, feliz en su corazón. Los heraldos se afanaban en el banquete aparte bajo una encina y se ocupaban del gran buey sacrificado; y las mujeres copiosa harina blanca espolvoreaban para la comida de los jornaleros.

Representó también una viña muy cargada de uvas, bella, áurea, de la que pendían negros racimos y que de un extremo a otro sostenían argénteas horquillas. Alrededor trazó un foso de esmalte y un vallado de estaño; un solo sendero guiaba hasta ella, por donde regresaban los porteadores tras la vendimia. Doncellas y mozos, llenos de joviales sentimientos, transportaban el fruto, dulce como miel, en trenzadas cestas. En medio de ellos un muchacho con una sonora fórmige tañía deliciosos sones y cantaba una bella canción de cosecha con tenue voz. Los demás, marcando el compás al unísono, le acompañaban con bailes y gritos al ritmo de sus brincos.

Realizó también una manada de cornierguidas vacas, que estaban fabricadas de oro y estaño y se precipitaban entre mugidos desde el estiércol al pasto por un estruendoso río que atravesaba un cimbreante cañaveral. Iban en hilera junto con las vacas cuatro áureos pastores, y nueve perros, de ágiles patas, les acompañaban. Dos pavorosos leones en medio de las primeras vacas sujetaban a un toro, de potente mugido, que bramaba sin cesar mientras lo arrastraban. Perros y mozos acudieron tras él pero aquéllos desgarraron la piel del enorme buey y engullían las entrañas y la negra sangre, mientras los pastores los hostigaban en vano, azuzando los rápidos perros. Éstos estaban demasiado lejos de los leones para morderlos; se detenían muy cerca y ladraban, pero los esquivaban.

El muy ilustre cojitranco realizó también un pastizal enorme para las blancas ovejas en una hermosa cañada, establos, chozas cubiertas y apriscos. El muy ilustre cojitranco bordó también una pista de baile semejante a aquella que una vez en la vasta Creta el arte de Dédalo fabricó para Ariadna, la de bellos bucles. Allí zagales y doncellas, que ganan bueyes gracias a la dote, bailaban con las manos cogidas entre sí por las muñecas. Ellas llevaban delicadas sayas, y ellos vestían túnicas bien hiladas, que tenían el suave lustre del aceite. Además, ellas sujetaban bellas guirnaldas, y ellos dagas áureas llevaban, suspendidas de argénteos tahalíes. Unas veces corrían formando círculos con pasos habilidosos y suma agilidad, como cuando el torno, ajustado a sus palmas, el alfarero prueba tras sentarse delante, a ver si marcha, y otras veces corrían hileras, unos tras otros. Una nutrida multitud rodeaba la deliciosa pista de baile, recreándose, y dos acróbatas a través de ellos, como preludio de la fiesta, hacían volteretas en medio.

Representó también el gran poderío del río Océano a lo largo del borde más extremo del sólido escudo. Después de fabricar el alto y compacto escudo, le hizo una coraza que lucía más que el resplandor del fuego y también unas grebas de maleable estaño.

Tras terminar toda la armadura, el ilustre cojitranco la levantó y la presentó delante de la madre de Aquiles, que, cual gavilán, descendió de un salto del nevado Olimpo, llevando las chispeantes armas de parte de Hefesto. Ilíada. Traducción de E.Crespo, editorial Gredos. 

miércoles, 4 de noviembre de 2015

De héroes y despedidas

Así diciendo, el esclarecido Héctor tendió los brazos a su hijo, y éste se recostó gritando en el seno de la nodriza de bella cintura, por el terror que el aspecto de su padre le causaba: dábale miedo el bronce y el terrible penacho de crines de caballo, que veía ondear en lo alto del yelmo. Sonriéronse el padre amoroso y la veneranda madre. Héctor se apresuró a dejar el refulgente casco en el suelo, besó y meció en sus manos al hijo amado, y rogó así a Zeus y a los demás dioses....
-¡Zeus y demás dioses! Concededme que este hijo mío sea como yo, ilustre entre los teucros e igualmente esforzado; que reine poderosamente en Ilión; que digan de él cuando vuelva de la batalla: “Es mucho más valiente que su padre!”; y que, cargado de cruentos despojos del enemigo a quien haya matado, regocije el alma de su madre”.     Homero, Iliada VI, 466-481



Inclinó las manos el de la barba florida,
a sus hijas en brazos las cogía,
acercólas al corazón, muy fuertemente suspira:
“Ya doña Jimena, ya mi mujer tan cumplida,
como a mi propia alma yo tanto os quería.
Ya lo veis, que nos separemos en vida,
yo me iré y vos quedaréis recogida.
Quiéranlo Dios y Santa María
Que aún con mis manos case a estas hijas mías,
O denme ventura y algunos días de vida,
Y vos, mujer honrada, por mí seáis servida”.


Cantar de Mío Cid I, vv. 274-285

martes, 3 de noviembre de 2015

¡Canta, diosa, de Aquiles la cólera!

Cuando, después de aquel día apareció la duodécima aurora, los sempiternos dioses volvieron al Olimpo con Zeus a la cabeza. Tetis no olvidó el encargo de su hijo: saliendo de entre las olas del mar subió muy de mañana al gran cielo y al Olimpo, y halló al que todo lo ve, hijo de Cronos, sentado aparte de los demás dioses en la más alta de las muchas cumbres del monte. Acomodóse junto a él, abrazó sus rodillas con la mano izquierda, tocóle la barba con la diestra y dirigió esta súplica al soberano Zeus Cronida: ¡Padre Zeus! Si alguna vez te fui útil entre los inmortales con palabras u obras, cúmpleme este voto: honra a mi hijo, el héroe de más breve vida, pues el rey de hombres Agamenón le ha ultrajado, arrebatándole la recompensa que aún retiene.
Ilíada 1, 488ss

Autor: J. Auguste Dominique Ingres 
Fecha: 1811
Museo: Museo Granet
Tamaño: 327 x 260 cm.
Estilo: Neoclasicismo Francés
Material: Oleo sobre lienzo

lunes, 2 de noviembre de 2015

El atleta que surgió del agua

¿Cayó desde el barco en medio de una tormenta porque el viento aflojó las cuerdas que lo amarraban al barco o tal vez fue arrojado por la borda para aligerar el buque en un momento de temporal que comprometía la navegación?

En 1996 el buceador deportivo de origen belga René Wouters, descubrió semienterrados junto a la isla de Vele Orjule (Croacia), a 45 metros de profundidad, los restos de lo que parecía un hombre. Tres años más tarde, el día 27 de abril de 1999, un joven de bronce de 1,92 m. salió de las profundidades gracias a los expertos del Museo Arqueológico de Zadar.

Desde entonces y a lo largo de siete años, la estatua de bronce fue sometida a los más avanzados procesos de restauración para apartar la capa de algas e incrustaciones que tanto la habían desfigurado. Afortunadamente esta misma capa de residuos calcáreos había preservado la estructura y la pátina de mayores corrosiones.
La operación más larga y difícil fue la limpieza de la capa orgánica que cubría todo el bronce, para lo que se prescindió del empleo de sustancias químicas con el fin de no destruir la pátina original. En algunos casos hubo que poner pequeños parches de resina o refuerzos metálicos, como en la pierna derecha.
Los organismos que la habían habitado (y salvaguardado) fueron estudiados con detenimiento, descubriéndose incluso un nido de ratones en su interior. Las dataciones por Carbono 14 sitúan este bronce griego entre el siglo II y el I a. C.
Ya resplandeciente, el joven sacado de las aguas aquel día de primavera de 1999 es un atleta que se limpia la arena y el aceite con un estrígil después de una prueba deportiva, tema éste muy común en la estatuaria clásica que recibe el nombre de Apoxiomeno ("raspador").
Aquí aparece un interesante video (4:52 minutos y música de Aleksandar Sarievsk). Es la primera parte de una serie de siete que puedes ver en youtube y que muestran el proceso de hallazgo y restauración del Apoxiomeno de Croacia.
En la primera parte se destaca este importante hecho: dado el gran valor que tenía el bronce en la Antigüedad y sus muchas posibilidades de reutilización, la mayoría de las estatuas griegas que han llegado hasta nosotros son copias en mármol de originales de bronce perdidos, lo que convierte al Apoxiómenos de Croacia en una muestra de redoblado valor.

jueves, 29 de octubre de 2015

Latin II (2º BCHTO) Unidad Didáctica 4

Podemos leer hoy completo el poema didáctico de T. Lucrecio Caro (99-55 a. C.) De rerum natura gracias a Poggio Bracciolini (1380-1459). Este humanista florentino, copista de exquisita caligrafía, se deja llevar por su agudo olfato de coleccionista de libros y en 1417 encuentra en un convento alemán (cuyo nombre no desvela) un manuscrito medieval de inestimable valor: es el único conocido hasta hoy en el que se halla copiado entero el poema de Lucrecio. Antes de Poggio se sabía de la obra porque autores antiguos la mencionaban a menudo; y se conocían fragmentos de ella, pero sólo fragmentos. Es así que a partir de Poggio y gracias a él se difunde en la Europa del Renacimiento la visión materialista del universo que ofrece el poema epicúreo de Lucrecio, cuya extraordinaria repercusión en la historia de las ideas sigue siendo objeto de estudio y debate.

En la imagen de arriba aparece la portada del libro del profesor de la universidad de Harvard Stephen Greenblatt titulado El Giro. De cómo un manuscrito olvidado contribuyó a crear el mundo modernoen su traducción española editada por Crítica en 2012. Por él obtuvo Greenblatt el National Book Award 2011 y el premio Pulitzer 2012. Convertido en un best seller, El Giro relata de manera apasionante las aventuras de Poggio Bracciolini a través del frío y la nieve, de abadía en abadía, en busca del manuscrito único que contenía el poema de Lucrecio. Y no sólo esto. El autor se ocupa también de presentarnos un interesante cuadro de la Antigüedad grecorromana y de la Europa medieval y renacentista. Aunque es un ensayo, resulta tan ameno que se lee como una novela histórica. Para aprender mucho.
Una reseña crítica del libro podemos leerla aquí: click.

En el cuadro de Sandro Botticelli, pintado en 1482, aparece Venus en plena explosión de primavera. La complejidad de la coreografía podría estar inspirada en la descripción que hace Lucrecio de la renovación estacional de la primavera en De rerum natura 5, 737-740.
El cuadro se guarda en la Galería de los Uffizi, en Florencia, y sus dimensiones son sorprendentes: 203 x 314 cm.

Y ahora la Unidad Didáctica 4

lunes, 26 de octubre de 2015

Su cuerpo: esa tribu de muchos miembros

ANTROPOLOGÍA HOMÉRICA 
EL HOMBRE ORACULAR
Del latín os, oris "boca", "oracular" es el hombre que habla y todavía no escribe. Su sabiduría se pronuncia, se "sopla" de generación en generación, de boca a oído. Es el hombre que vive hacia fuera. Tiene una peculiar manera de verse a sí mismo.
Por contraposición al hombre "oracular", el hombre que sabe leer y escribir "graba" su sabiduría en forma de signos, de letras, para leerla luego y así poder "re-pensarla" de generación en generación, mano a mano. Es el hombre que vive hacia dentro. Tiene una peculiar manera de verse a sí mismo.

Siempre se ha dicho que las culturas orales muestran modos de expresión y procesos mentales distintos a las culturas escritas.
Por contraposición a un contexto escrito, las culturas orales tienden a ser acumulativas antes que analíticas, conservadoras y tradicionalistas, próximas a un mundo vital inmediato donde prima la acción en vez de la reflexión, la emoción antes que la razón, lo concreto antes que lo abstracto.
En lenguajes relativamente primitivos la abstracción no está desarrollada y, en compensación, tales lenguas posen una riqueza de expresiones referentes a lo concreto y sensible que no se encuentran en lenguas escritas.
Así por ejemplo, Homero usa un gran número de verbos relativos a la vista que en el griego posterior dejan de usarse. Efectivamente, el lenguaje homérico designa modos de ver, pero parece que no tiene conciencia del hecho mismo de ver, del sentido de la vista. Algo semejante ocurre con la concepción homérica del cuerpo. Σῶμα, que en griego clásico significa “cuerpo”, en Homero no se usa jamás con referencia a un ser vivo, sino que significa “cadáver”. Homero, ciertamente, no habla de “cuerpo”, sino de miembros individuales.
Las representaciones del hombre en el arte arcaico nos muestran que la sustancia corporal del hombre no era concebida como una unidad, sino como una pluralidad o agregación. El cuerpo dotado de unidad orgánica en el que todas las partes están relacionadas entre sí, no halla su representación hasta el arte clásico del siglo V. Con anterioridad el cuerpo humano se construye por adición de partes singulares. Los griegos de la época arcaica ven, pues, al hombre articulado.
Algo semejante se nos presenta en el reino de lo anímico.
El hombre homérico no tiene conciencia de ser él mismo el principio de sus propias decisiones, sentimientos y emociones; el hombre de Homero no tiene alma, sino una pluralidad de “órganos anímicos” que lo impulsan a amar, odiar o encolerizarse, sin que él mismo sea capaz de distinguir estas experiencias de actos físicos, puramente somáticos.
Por lo dicho hasta aquí, parece que el hombre perteneciente a una cultura oral no tiene conciencia de su propia unidad y de su individualidad; es tribal en cuanto se siente plenamente integrado e identificado con su grupo. La labor del hombre oracular no consistía en formarse convicciones individuales y únicas, sino en conservar tenazmente los valores del colectivo al que pertenecía, transmitiéndolos a la posteridad de viva voz.
La aparición de un yo o personalidad autónoma como ente o substancia real, capaz de tomar decisiones en el plano moral y de alcanzar el conocimiento, supone un largo proceso que es posterior a Homero y que se consolida en el siglo V a.C. en el marco de una amplia revolución intelectual presidida por el “conócete a ti mismo”, donde juega un papel fundamental la invención del alfabeto.
Sólo así es posible que nazca la “polis”.

La imagen de arriba a la izquierda es el fragmento de una crátera del pintor de Dipilón, de entre el 750 y el 725 a. C.; para más detalles, cliquea.
La imagen de la derecha es una crátera que se guarda en el museo británico (Londres), de cerca del 735 a. C., que muestra por vez primera una nave griega con dos filas de remeros; para saber más, cliquea.
La imagen de abajo a la izquierda es el detalle del ánfora 804 del Pintor del Dípilon, del 750 a. C., que muestra a un difunto en su lecho fúnebre rodeado de plañideras; para más detalles cliquea.

miércoles, 21 de octubre de 2015

¿Patroclo murió en la Época Oscura? Dejemos que juzgue la arqueología


En Lefkandi (isla de Eubea, Grecia) se hallaron en 1980 los restos de un edificio de planta absidal donde los arqueólogos encontraron dos tumbas: una de ellas contiene los esqueletos de cuatro caballos y la otra una incineración y una inhumación humana. Datan del siglo  X a. C., es decir, en plena Época Oscura de la historia griega (s. XI-VIII a. C.).

La inhumación corresponde al esqueleto de una mujer en posición yacente que lleva un rico ajuar (collar de perlas, pendientes de oro, dos discos de oro sobre el pecho, anillos y alfileres de oro). En cuanto a la incineración, se han hallado restos de huesos quemados junto a trozos de tela todo dentro de un ánfora de bronce.


Es probable que esta tumba de Lefkandi esté enterrado un guerrero o un rey (un "basileus") junto a su viuda.

Las dimensiones del edificio hallado son muy grandes, lo que permite suponer que estos importantes personajes fueron enterrados en el palacio en el que habitaban; posteriormente, cuando se dejó de vivir allí, el edificio se convertiría en un lugar sagrado donde rendir culto al héroe ("heroon").

No obstante, algunos investigadores defienden la hipótesis de que el complejo arquitectónico fue planificado desde un principio única y exclusivamente para ser una construcción funeraria.

En todo caso, la riqueza de su contenido y sus considerables dimensiones (ca. 45 metros de largo por 10 de ancho) parecen desmentir la conocida teoría de que la Época Oscura fue un período de declive económico y cultural.

En efecto, el magnífico "heroon" de Lefkandi invitar a pensar que en el siglo X a. C. y particularmente en Eubea se vivió un momento de prosperidad. Así, el ánfora de bronce en el que se hallaron los restos cremados procede de Chipre, según los arqueólogos, quienes lo fechan a principios del siglo XI a. C. Ello significa que en esa época existía un flujo comercial entre Grecia y el Mediterráneo oriental, y que hubo griegos lo suficientemente ricos como para adquirir objetos suntuosos y vivir o hacerse enterrar en grandes edificios.

De todas formas, como muchas veces pasa en arqueología, habrá que esperar nuevos hallazgos para confirmar hipótesis y avanzarlas mas certeras.

Los restos hallados en el heroon de Lefkandi recuerdan poderosamente al testimonio de la Ilíada, cuando Homero narra los ritos funerarios celebrados en honor a Patroclo. En el poema épico se presenta la cremación del guerrero así como enterramientos de caballos junto al héroe muerto, y también se habla de la disposición de los huesos en un recipiente recubierto con un trozo de tela (en Homero dicho recipiente es de oro). ¿Tuvieron lugar los hechos que cuenta Homero durante la Época Oscura?

Pero leamos un breve fragmento tomado de Ilíada, Canto XXIII, versos 192-260:
En tanto, la pira en que se hallaba el cadáver de Patroclo no ardía. Entonces el divino Aquileo, el de los pies ligeros, tuvo otra idea: apartóse de la pira, oró a los vientos Bóreas y Céfiro y votó ofrecerles solemnes sacrificios; y haciéndoles repetidas libaciones con una copa de oro, les rogó que acudieran para que la leña ardiese bien y los cadáveres fueran consumidos prestamente por el fuego. La veloz Iris oyó las súplicas, y fue a avisar a los vientos, que estaban reunidos celebrando un banquete en la morada del impetuoso Céfiro. Iris llegó corriendo y se detuvo en el umbral de piedra. Así que la vieron, levantáronse todos, y cada uno la llamaba a su lado. Pero ella no quiso sentarse, y pronunció estas palabras:
—No puedo sentarme; porque voy, por cima de la corriente del Océano, a la tierra de los etíopes, que ahora ofrecen hecatombes a los inmortales, para entrar a la parte en los sacrificios. Aquileo ruega al Bóreas y al estruendoso Céfiro, prometiéndoles solemnes sacrificios, que vayan y hagan arder la pira en que yace Patroclo, por el cual gimen los aqueos todos.
Habló así y fuese. Los vientos se levantaron con inmenso ruido esparciendo las nubes; pasaron por cima del ponto y las olas crecían al impulso del sonoro soplo; llegaron, por fin, a la fértil Troya, cayeron en la pira y el fuego abrasador bramó grandemente. Durante toda la noche, los dos vientos, soplando con agudos silbidos, agitaron la llama de la pira; durante toda la noche, el veloz Aquileo, sacando vino de una cratera de oro, con una copa doble, lo vertió y regó la tierra e invocó el alma del mísero Patroclo. Como solloza un padre, quemando los huesos del hijo recién casado, cuya muerte ha sumido en el dolor a sus progenitores; de igual modo sollozaba Aquileo al quemar los huesos del amigo; y arrastrándose en torno de la hoguera, gemía sin cesar.
Cuando el lucero de la mañana apareció sobre la tierra, anunciando el día, y poco después Eos, de azafranado velo, se esparció por el mar, apagábase la hoguera y moría la llama. Los vientos regresaron a su morada por el ponto de Tracia, que gemía a causa de la hinchazón de las olas alborotadas, y el hijo de Peleo, habiéndose separado un poco de la pira, acostóse rendido de cansancio, y el dulce sueño lo venció. Pronto los caudillos se reunieron en gran número alrededor del Atrida; y el alboroto y ruido que hacían al llegar, despertaron a Aquileo. Incorporóse el héroe; y sentándose, les dijo estas palabras:
—¡Atrida y demás príncipes de los aqueos todos! Primeramente apagad con negro vino cuanto de la pira alcanzó la violencia del fuego; recojamos después los huesos de Patroclo Menetíada, distinguiéndolos bien —fácil será reconocerlos, porque el cadáver estaba en medio de la pira y en los extremos se quemaron confundidos hombres y caballos—, y pongámoslos en una urna de oro, cubiertos por doble capa de grasa, donde se guarden hasta que yo descienda al Hades. Quiero que le erijáis un túmulo no muy grande, sino cual corresponde al muerto; y más adelante, aqueos, los que estéis vivos en las naves de muchos bancos cuando yo muera, hacedlo anchuroso y alto.
Así dijo, y ellos obedecieron al Pelida, de pies ligeros. Primeramente, apagaron con negro vino la parte de la pira a que alcanzó la llama, y la ceniza cayó en abundancia; después, recogieron, llorando, los blancos huesos del dulce amigo y los encerraron en una urna de oro, cubiertos por doble capa de grasa; dejaron la urna en la tienda, tendiendo sobre la misma un sutil velo; trazaron el ámbito del túmulo en torno de la pira; echaron los cimientos, e inmediatamente amontonaron la tierra que antes habían excavado. Y, erigido el túmulo, volvieron a su sitio. Aquileo detuvo al pueblo y le hizo sentar, formando un gran circo; y al momento sacó de las naves, para premio de los que vencieren en los juegos, calderas, trípodes, caballos, mulos, bueyes de robusta cabeza, mujeres de hermosa cintura, y luciente hierro.
(Traducción: Segalá y Estalella)
Bibliografía: M.KAPLAN y N. RICHER, El mundo griego, Granada 2003 (original de 1995), pp. 33-38; Témpora. Magazine de Historia.

sábado, 17 de octubre de 2015

Oratoria, orare, perorata: de la palabra a la acción es largo el trecho

Al hilo del género literario de la oratoria (que deben estudiar los alumnos de Griego II), pongo ahora un breve fragmento del orador griego DEMÓSTENES en plena lucha dialéctica contra Filipo de Macedonia, padre de Alejandro Magno, a quien el orador ateniense consideraba un peligro para la autonomía de Atenas y de toda Grecia (como efectivamente así fue).

Demóstenes comienza su segundo discurso contra Filipo haciendo esta reflexión: cuando los oradores dicen lo que hay que hacer, el auditorio aprueba, parece convencido; sin embargo, nadie hace luego lo que hay que hacer. Entonces, ¿por que escuchan?

Para la imagen: clik
"Cada vez, oh, atenienses, que se pronuncian discursos sobre lo que Filipo hace y deshace por la fuerza en contra de la paz, advierto siempre que los discursos que apoyan nuestra opinión dan la impresión de ser justos y beneficiosos, y que si bien los que acusan a Filipo parecen decir todos siempre lo que hay que hacer, sin embargo no se produce absolutamente nada, diríamos, de lo que hay que hacer; ni siquiera algo por lo que valga la pena escuchar estos discursos".

ὅταν, ὦ ἄνδρες Ἀθηναῖοι, λόγοι γίγνωνται περὶ ὧν Φίλιππος πράττει καὶ βιάζεται παρὰ τὴν εἰρήνην, ἀεὶ τοὺς ὑπὲρ ἡμῶν λόγους καὶ δικαίους καὶ φιλανθρώπους ὁρῶ φαινομένους, καὶ λέγειν μὲν ἅπαντας ἀεὶ τὰ δέοντα δοκοῦντας τοὺς κατηγοροῦντας Φιλίππου, γιγνόμενον δ᾽ οὐδὲν ὡς ἔπος εἰπεῖν τῶν δεόντων, οὐδ᾽ ὧν εἵνεκα ταῦτ᾽ ἀκούειν ἄξιον·  (Traducción propia)

¡Ese largo trecho de la palabra a la acción!



Conviene recomendar la página web "Retóricas" (http://www.retoricas.com). Además de ofrecer una valiosa colección de discursos, fragmentos y citas de importantes oradores de los últimos tiempos, pasa revista a figuras retóricas, vicios del lenguaje, argumentos y falacias, y también aporta interesante información sobre comunicación, habilidades y recursos comunicativos.

Por cierto que en cuanto a vicios del lenguaje, allí se habla de las MULETILLAS o COLETILLAS, es decir, expresiones innecesarias que se repiten mucho por costumbre y se emplean como apoyo cuando no sabemos qué decir. Pongamos por caso, más o menos, un ejemplo en plan:

"Déjame tranquilo, ¿vale?, y fíjate lo que te digo: yo no sé tú, pero yo por lo menos, la verdad, o sea, para nada, te lo juro, me dedico a escuchar y ovacionar a quienes hablan si luego ello me obliga a cambiar actitudes y tomar medias".

miércoles, 14 de octubre de 2015

Literatura griega: Clásica, clásica

¿Por qué llamamos "clásica" a la literatura griega (y romana)? Sin duda porque sus obras tienen lo que una obra clásica debe tener: algo que no deja indiferente, que encierra sabiduría, que no pasa de moda, que estuvo presente ayer, está presente hoy y lo estará mañana.
El escritor Italo Calvino (1923-1985) ofrece catorce definiciones de la obra clásica, catorce buenas razones para leerlas, catorce motivos para, cuando menos, apreciarlas.

(II) "Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos".
(VI) "Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir".
(IX) "Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él".
(XIII) Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo".


Conoce las otras diez razones de Italo Calvino: click.

IMAGEN: Giorgio de Chirico, Despedida de Héctor y Andrómaca. 1946

Los alumnos de Griego II deben descargar estos DOS TEMAS DE LITERATURA GRIEGA de los que se examinarán en esta primera evaluación: Épica y Oratoria.




martes, 13 de octubre de 2015

Catulo odia pero/ aunque/ pues/ entonces/ o/ y ama

Odi et amo.  Odio y amo

Quare id faciam, fortasse requiris.  Por qué lo hago, quizá preguntas

Nescio, sed fieri sentio et excrucior.  No lo sé, pero siento que ocurre y me atormento

 (CATULO: dístico elegíaco a su amada Lesbia en Catulli carmina 85)

Música y video por Lee-Sean Huang basado en un poema de CATULO

Y añado un documento con tres poemas de Catulo, texto y traducción. No solo para enamorados, todos vamos a leerlos en clase.

domingo, 11 de octubre de 2015

Día internacional de la niña: ¿Es hoy distinto a ayer?

"Las mujeres tienen derecho a una vida instruida, segura y sana no sólo durante esos críticos años de la adolescencia sino también cuando maduran."
(para seguir leyendo: click)

El 19 de diciembre de 2011, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 66/170 en la que declaraba el 11 de octubre como el Día Internacional de la Niña, para reconocer los derechos de las niñas y los desafíos excepcionales que confrontan las niñas de todo el mundo.
Hoy se festeja el día internacional de la niña bajo el lema: "El poder de las adolescentes: una visión para 2030".

Muchas veces hemos hablado en clase de la situación de la mujer en Roma y en Grecia. Casadas a muy temprana edad (apenas habían tenido la primera regla) y sin derecho a elegir a su esposo, pendía sobre ellas la amenaza de una muerte prematura durante el parto o en el puerperio dadas las condiciones higiénicas de la época y, sobre todo, su juventud. Además, eran tuteladas toda la vida  por el cabeza de familia, de manera que sin la intermediación y el permiso de su padre, esposo, hijo mayor o en su defecto del pariente varón más cercano les estaba prohibido llevar a cabo negocios, recibir herencias y realizar transacciones comerciales. 
En cuanto a la instrucción, sólo las más adineradas (y entre ellas aún muy pocas) recibían una educación básica, destacando como excepciones las que brillaron como literatas, filósofas o científicas.
A veces hemos recordado también el muy frecuente abandono de niños al nacer (especialmente en Roma). Sobre todo las niñas se convertían con frecuencia en bebés expósitos, pues resultaban una pesada carga económica para las familias pobres al tener que aportar una dote al matrimonio. Y sabemos que el destino de estas niñas abandonadas, si no morían inmediatamente, era caer en manos de las mafias que mercadeaban con seres humanos, siendo entonces destinadas a una cruel explotación infantil: el trabajo esclavo y la prostitución.

Así en el mundo antiguo.
Pero esto que viene son datos actuales, apenas un par. Y hay más:

"A escala mundial, más de 700 millones de mujeres que viven hoy en día se casaron siendo niñas (con menos de 18 años de edad).Más de una de cada tres de ellas —o unos 250 millones— se casaron antes de cumplir los 15 años".
"Cada 10 minutos, en algún lugar del mundo, una adolescente muere como resultado de violencia"...
Fuente: http://www.unwomen.org/es/news/in-focus/girl-child)

Y os preguntaréis: ¿Es hoy distinto a ayer?


(Imágenes: Estatua de niña con paloma. Original helenístico. s. III-II a. C. Museos Capitolinos, Roma; Niña romana en bronce, Museo Getty).

sábado, 10 de octubre de 2015

Latín II (2ºBCHTO) Unidad Didáctica 3

Podcast: de Radio Bremen: Nuntii Latini (14.03.2013):

E forma calceorum dicitur iudicari posse, quis sit, qui eis utatur. Hi calcei robusti sunt Heike Kempf vigilis publicae. Et illi sunt vigilis publici: calceus primus, secundus, tertius, quartus. Magistratui quamvis quadrupedi opus est calceis bonis. Septem iam dies Rico canis calceis utitur, quod illi vere est nova experientia et insolita. Initio insuetus erat tegumenti pedum. Sed mox compluribus passibus factis calcei non iam impedimento sunt. Qui canibus magno usui sunt, praesertim cum ubique vitrea fracta dispersa sint. Tempestate nivali eis maximo commodo sunt. Et si postero tempore saepius canes ante fenestras tabernarum, ubi calcei veneunt, stare videas, noli mirari….

viernes, 9 de octubre de 2015

La técnica sola no bastaba


Pericia y habilidad no faltan, tampoco recursos...: pero tuvo que ayudar un atún despistado que saltaba
Ἁλιεῖς καὶ θύννος 

Ἁλιεῖς ἐπ' ἄγραν ἐξελθόντες καὶ πολὺν χρόνον κακοπραθήσαντες οὐδὲν συνέλαβον: καθεζόμενοι δὲ ἐν τῇ νηῒ ἠθύμουν. Ἐν τοσοῦτῳ δὲ θύννος διωκόμενος καὶ πολλῷ τῷ ροίζῳ φερόμενος ἔλαθεν εἰς τὸ σκάφος ἐναλλόμενος. Οἱ δὲ συλλαβόντες αὐτὸν καὶ εἰς τὴν πόλιν ἐλάσαντες ἀπημπόλησαν.
Οὕτω πολλάκις ἁ μὴ τέχνη παρέσχε, ταῦτα τύχη διεβράβευσεν.

Unos pescadores que habían salido a faenar y llevaban largo rato de pesca infructuosa, sentados en su barca se entregaban a la desesperación. En esto, un atún perseguido y llevado de tremendo ruido saltó sin quererlo dentro de la barca. Lo tomaron entonces los pescadores y lo vendieron en la plaza.
Así muchas veces lo que la técnica no proporcionó lo ofreció la suerte como regalo.

Imagen: Tarquinia - Tomba delle Pantere (Necropoli dei Monterozzi - VI sec. a.C.)

domingo, 4 de octubre de 2015

Homo Romanus (Proyecto de Latín de 4º): Rúbricas y Directrices

La actividad didáctica "Este cliente, aquel patrono, ese esclavo" sigue su curso.
En el documento que aparece a continuación tenemos las directrices del proyecto, al que hemos denominado "Homo Romanus".

El segundo documento nos presenta las rúbricas de evaluación.
Y para trabajar juntos nos serviremos de Google Drive.
Para la foto: click.


miércoles, 30 de septiembre de 2015

Este cliente, aquel patrono, ese esclavo: nuestros anónimos romanos

¡ATENCIÓN LATÍN DE 4º DEL IES SAPERE AUDE!

¿Nos atrevemos a recrear la vida de un personaje de Roma que nos acompañará durante todo el curso?


Inventaremos su pasado, tejeremos los hilos de presente y le construiremos un futuro. También imaginaremos cómo y quiénes son las personas que le rodean

¡Démosle un nombre! (habrá votación democrática a tal efecto, de entrada consultaremos aquí: click)

¡Démosle vida!

Y como para ello hay que documentarse e informarse, veamos la siguiente presentación y tomemos ideas: